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Por qué elegimos el grano y el flash.

La noche porteña vuelve a fotografiarse con cámaras chicas, flash duro, foco perdido. Una postura frente a una imagen que ya no se cree del todo.

Por Abril Raposo7 min de lectura
Ciclo
Mayo 2026
Categoría
Cultura y sociedad
Eje
Mirada juvenil
noche porteña con grano y flash.
noche porteña con grano y flash.

Parte 1

“La ciudad nunca duerme” es la frase con que se suele describir las noches de Capital. La cantidad de gente que las habita es enorme; cada uno arma su propia versión. Y desde hace algunos años, esa versión se está fotografiando de una manera particular: cámaras chicas, flash directo, grano, foco perdido. Una estética del error.

El flash

En un ecosistema digital saturado de imágenes limpias, perfectas y diseñadas para el algoritmo, aparece una resistencia estética en el under porteño. Cámaras analógicas, compactas digitales viejas, point and shoot de los noventa. Se apunta y se dispara.

La imagen llega con grano, con desenfoque, con un flash blanco que pone a todos en pose involuntaria. Un estilo documental que prefiere el accidente al control.

La noche del under porteño, en clave analógica.

El núcleo

El grano y el flash arman una postura frente a una imagen perfecta en la que ya nadie cree.

Parte 2

Una elección deliberada

La vuelta a las cámaras analógicas suele leerse como “moda vintage”. En Espacio Marca la leemos distinto: como un anclaje sensorial. La imagen perfecta perdió crédito —se la ve construida, retocada, optimizada para captar atención— y volvió a tener sentido producir imágenes que no parezcan eso.

Lo borroso funciona como un sello de honestidad: avisa que hubo un cuerpo apuntando una cámara, no un pipeline.

La imagen borrosa es una decisión: no fingir que el presente se entiende.

El paralelo histórico

A finales del siglo XIX, los posimpresionistas se obsesionaron con captar la vibración de una luz que no volvía a ser la misma. La fotografía de la época estaba aprendiendo a fijar la realidad, y los pintores empezaron a buscar lo opuesto: la pincelada visible, el gesto, lo que se escapa. La operación que hacen hoy los pibes con sus point and shoot es estructuralmente parecida: usar un medio “obsoleto” para capturar algo que un medio “limpio” ya no puede mostrar.

Una pintora en el mismo eje

La pintora Guade Estienne (Buenos Aires, 1999), formada en la UNA, trabaja al óleo con veladuras y desenfoques. Sus figuras aparecen y desaparecen, se hacen reconocibles y se disuelven. La inestabilidad es el tema. Su pintura es el correlato exacto, en otro material, de lo que están haciendo los pibes que fotografían fiestas y conciertos en analógico: la imagen no afirma, sugiere.

Estas fotos arman un archivo en construcción del presente. Las imágenes se acumulan en cuentas de Instagram (@acaciasgrifaldas registrando bandas como Vicente y Los Curiosos; @richardcendra.ph documentando Miedo Puro; @guadeeeh para Guade), y ahí se hacen visibles como un solo gesto generacional.

— Abril Raposo · Ciclo Mayo 2026

Portada: Cuatro obras donde la dictadura no terminóLa siguiente piezaCuatro obras donde la dictadura no terminóSeguir con la pieza 02una sesión de handpoke en un estudio porteño, en luz cálida.Esta pieza dialoga conHandpoke es Slow Art: el tatuaje que volvió a hacerse a mano.El mismo gesto generacional en otra superficie: lo lento y lo manual como postura frente al feed.Leer la pieza del archivo

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