Xul, Berni, Erlich: leyeron a Europa y volvieron con otra cosa.

Xul Solar leyó a Klee. Berni, a Rivera. Erlich, a Magritte. Tres artistas argentinos que tomaron una tradición europea —y después se alejaron lo suficiente para construir algo propio.

Por Lourdes Veliz5 min de lectura
CicloMayo 2026
CategoríaFiguras · Miradas Cruzadas
EjeApropiación
[ Imagen ] — una obra de Xul, Berni o Erlich.

Grandes artistas argentinos fueron lectores del mundo. Lo que los hace notables es lo que hicieron con las influencias extranjeras una vez que las tuvieron adentro, no el haberlas ignorado. Tres casos que lo demuestran.

Xul Solar y Paul Klee: el método y el mundo propio

Durante su estadía en Europa, Xul Solar coincidió con Paul Klee, con quien compartió su gusto por la música y los paisajes sonoros que protagonizan sus pinturas. A su vuelta trajo en su valija libros de Klee y lo tomaría como uno de sus grandes inspiradores. La huella es visible: el uso de signos, letras y símbolos integrados a la imagen, el color como sistema expresivo, la pintura como lenguaje antes que como representación. Tras recorrer París y Londres, Xul llegó a Turín, donde conoció al colectivo expresionista Der Blaue Reiter, creado por Kandinsky y Franz Marc; de ahí incorporó la técnica de la acuarela y la explotación del color.

Pero lo que hizo Xul fue ir más allá: combinó espiritualismo, cábala, astrología, lenguas inventadas —el neocriollo para unificar América Latina, la panlengua como idioma universal— con una cosmología que mezclaba Oriente, precolombinismo y vanguardia europea en la misma acuarela de pequeño formato. Tomó el método de Klee y construyó otro mundo. Uno que no podría haber venido de ningún otro lugar que no fuera la imaginación de un argentino viajando por Europa a principios del siglo XX.

[ El gesto ]

Klee, Rivera, Magritte: tres tradiciones europeas. Y, en cada caso, una respuesta que solo pudo haber salido de Buenos Aires.

Antonio Berni y el realismo social: la estética global en el conventillo

En los años veinte, Berni viajó a Europa con una beca y entró en contacto con el realismo social y el muralismo que estaba transformando el arte político de la época. La influencia del muralismo mexicano —Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros— y del expresionismo alemán es reconocible en su formación. La pregunta era qué hacer con esa tradición al volver al país.

La respuesta fue Juanito Laguna. Una serie iniciada en los años sesenta que construyó un personaje que el arte argentino mainstream prefería ignorar: el pibe del conventillo, el cuerpo que vive en los bordes de la ciudad, hecho de materiales reciclables como latas, maderas o telas. Berni tomó una estética internacional del compromiso social y la ancló en un territorio, un barrio, un cuerpo específico. Además de ilustrar una idea política, construyó un personaje que no existía antes en el arte argentino.

Los tres miraron afuera con atención. Después se alejaron lo suficiente para construir algo propio.
Pieza 06 · Parte 2 de 2Hasta acá la Parte 1 leyó a Xul y a Berni desde sus referentes. Parte 2: Erlich y la tesis general.

Leandro Erlich y el surrealismo: Magritte hecho participativo

A través de instalaciones en el espacio donde usa estrategias de simulaciones escenográficas y el trompe l’œil, Erlich logra capturar la atención del espectador, que es invitado a cuestionarse eso que llamamos realidad. La deuda con el surrealismo —y con Magritte en particular, maestro de la imagen que traiciona lo que muestra— es evidente: la ventana que no da al exterior, el edificio que se refleja sin reflejo, la pileta donde se camina bajo el agua sin mojarse.

Pero Erlich hace algo que Magritte no hizo: vuelve al espectador parte de la obra. Hay participación, hay cuerpo adentro de la ilusión, hay foto en el celular que después circula. Su exposición Liminal en el MALBA se convirtió en la más visitada en la historia del museo. Es el resultado de haber llevado una tradición de desestabilización perceptiva al territorio de la experiencia masiva y cotidiana.

Los tres hicieron lo mismo: miraron afuera con atención, entendieron qué había ahí, y después se alejaron lo suficiente para construir algo propio. La influencia funciona como un punto de partida, no como un destino.

— Espacio Marca · Ciclo Mayo 2026

[ La operación ]

Lectura. Tres artistas argentinos leídos por la distancia que se atrevieron a tomar después, no por lo que tomaron de Europa: cada uno usó la influencia como punto de partida, no de llegada.

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[ Esta pieza dialoga con ]
Xul Solar: el artista que recreaba el universo.

Una mirada de cerca a uno de los tres protagonistas de esta pieza —y al museo donde puede verse hoy.

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