Edgardo Giménez hizo de la alegría una prenda.
El artista pop del Di Tella llevó sus monas, su mosca y sus panteras a una cápsula con Jazmín Chebar. Detrás hay sesenta años sosteniendo que el arte sirve para cambiarte el ánimo.

Parte 1
«Si no es bello no es funcional», sostiene Edgardo Giménez.
En este mundo tan oscuro, donde las cosas terribles simplemente suceden, el artista argentino concibe la creación artística y su consumo como algo necesario para vivir. Para él, la misión del arte está más que clara: ponerte de buen humor, despertarte, conectar con la belleza y sacarte de la pesadilla cotidiana a través de la ilusión y el juego. Su alianza con la firma de moda Jazmín Chebar, presentada en mayo de 2025, resulta la consecuencia lógica de una filosofía de vida que profesa desde hace más de seis décadas.
Cadete a los trece
Para entender este cruce hace falta revisar el origen autodidacta del artista. Edgardo Giménez nació en Santa Fe en 1942. Empezó a los trece años como cadete en una agencia de publicidad, donde aprendió el oficio desde cero y pasó rápido al departamento de arte para materializar todo lo que su desbordante imaginación le dictaba. Sin haber pasado por una academia, fascinado desde la infancia por la animación de Walt Disney y los universos fantásticos, su irrupción en los años sesenta en el mítico Instituto Torcuato Di Tella lo consagró como una de las grandes figuras del arte pop argentino.
Dos panteras
Las ideas no se aprenden, se llevan puestas: esa convicción encontró su desembarco natural en la moda, como antes en tantísimas otras disciplinas. La colaboración nació de un cruce casual en arteBA 2023, donde Giménez presentaba sus Fancy Monas. Después aparecieron las coincidencias. El artista monta una pantera en la tapa de su libro y, al visitar las oficinas de la diseñadora, encontró una escultura de pantera que lleva años en ese espacio. Fue el presagio de una sinergia perfecta.


El núcleo
Las ideas se llevan puestas.
Parte 2
Monas, moscas y cuero
El resultado de esta unión fue una colección cápsula para el invierno de 2025. Sus célebres monas, nacidas en los años sesenta y herederas de la Chita de Tarzán, la mosca y el resto de su fauna fantástica salieron de los lienzos para invadir sweaters, chaquetas de cuero, calzado y accesorios. Cada prenda fue tratada como una obra en sí misma.

La obra total, en la calle
La alianza va más allá de una tendencia de indumentaria y lleva la idea de obra de arte total a la vida urbana. Llevar un diseño de Giménez en el cuerpo significa vestir su exótica filosofía de vida, en la que nada es demasiado terrible, todo es una situación momentánea y la felicidad reside en maravillarse con lo cotidiano.

Una armadura de alegría
A sus más de ochenta años, mientras conquista también los formatos digitales con sus Fancy Monas, Edgardo Giménez demuestra que la vanguardia pop no envejece cuando se apoya en el humor, la belleza y la fantasía. Su colaboración con la moda contemporánea recuerda que las ideas se llevan puestas. Ponerse una de sus prendas es, en definitiva, colocarse una armadura de alegría e imaginación frente al mundo.
La operación
Vestir el pop. Giménez saca su fauna del lienzo y la pone sobre el cuerpo, con la misma lógica con la que antes hizo afiches, muebles y casas.
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