Despedimos al gran maestro, Julio Le Parc.
A los 97 años se fue el mendocino que convirtió al espectador en parte activa de la obra. Una operación que cambió cómo se mira el arte —y que nos toca seguir.

Julio Le Parc solía decir que sus obras no estaban terminadas hasta que alguien pasaba frente a ellas. Hoy, a sus 97 años, ese movimiento se vuelve eterno.
París y el GRAV
Al llegar a París a finales de los 50, Le Parc entendió antes que nadie que el rol sagrado de la pintura de caballete cambiaría por completo. Junto al GRAV —Grupo de Investigación de Arte Visual— lanzó una propuesta que lo cambiaría todo: rebelarse contra el orden establecido y asumir la incertidumbre de la vida misma como motor de la creación.
Buscaba la liberación visual, no la contemplación pasiva.

Sus móviles esperan al público. El cuerpo que pasa enfrente las completa.
El poder del espectador
Con sus móviles, sus juegos de luces y sus espejos, le entregó el poder al espectador. Para este hombre disruptivo, el público era tan protagonista como el artista.
El arte sólo existe si nos movemos con él.
La invitación
Se fue el maestro de la luz, pero nos queda su invitación más urgente: entender que en el arte, como en la vida, el poder es de quien se anima a participar.
— Espacio Marca · Ciclo Mayo 2026
In Memoriam. Le Parc dejó el arte como invitación al cuerpo del público. La operación que nos toca preservar: participar.

Hace 60 años el arte porteño empezó a borrar la distancia obra–público. Le Parc lo hizo desde París con luz y movimiento.
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