Dillom se hizo parte del chiste que denuncia.
Tercer disco, editado en agosto de 2026 y grabado en quince días de encierro con el equipo entero adentro de una casona. Abandona el trap por el post-punk y la electrónica, y esconde a los invitados: ninguno figura en el tracklist.

Parte 1
Hay una frase que resume el pulso que atraviesa la obra reciente de Dillom: «La única forma de responder al absurdo de la realidad es con más absurdo». En un presente hiperconectado, acelerado y saturado de estímulos, donde la violencia social se transforma en lo cotidiano, la propuesta conceptual de La Nueva Violencia no pasa por el lamento ni por la predicación moral.
Dillom no se reconoce como un ser superior que señala con el dedo aquello que está mal, él se entiende como un participante más de este sistema que critica y que vive las consecuencias de ser parte del mismo, sin quedarse afuera. Utiliza sintetizadores, herramientas del grotesco y la sátira, sumado al estilo dadaísta para darle forma a este mundo de consecuencias desenfrenadas en donde el diablo acecha sin pedir permiso ni perdón.
La trilogía y su cierre
Para comprender el peso conceptual de este álbum, es necesario observar el arco de su trilogía. Post Mortem (2022) fue la irrupción irreverente que dinamitó el trap local con un tono oscuro y sin miedo de acercarse a una escupida punk. Por Cesárea (2024) representó una inmersión trágica e íntima en el horror psicodramático. Ambos discos nos relataban una historia oscura en donde el personaje podría ser encarnado por el mismo cantante o por cualquier otra persona.
La Nueva Violencia (2026) funciona como el cierre de ese trayecto, pero desde un lugar completamente transformado. Dillom ya no busca un espacio en la escena, tampoco se posiciona como un alma atormentada que somatiza su oscuridad. Ahora es un artista un poco más consagrado y reconocido, que entiende su masividad, los efectos inseparables de la misma y decide llevarla a un absurdo saturado.
El abandono del trap
En este disco, la evolución se materializa en cuanto al género musical (imposible de encasillar) y en su estrategia artística. Abandona completamente la comodidad del rap y trap por el que fue conocido y se sumerge en el post-punk, el pop, new wave y la electrónica, todo en conjunto con sintetizadores agresivos, ruidos saturados y procesados. Nos ofrece un «nuevo paseo inmoral», como mencionan en la crítica de Rolling Stone. Conoce la fama y los lugares oscuros que puede habitar a partir de ella, los excesos y privilegios, el desquicio, agresividad y desenfreno. El ego y lo superficial atraviesan su persona y ya no nos habla desde un personaje posiblemente ficticio, sino que ahora nos escupe sus anécdotas en la cara. En ellas también canta presente el espíritu mordaz de Adrián Dárgelos en Miami (1999), haciendo un guiño al consumo, los personajes plásticos, la cultura de la exposición y el cinismo de una época neoliberal que no se agota y se alimenta diariamente a sí misma.
Los dos discos anteriores tenían un personaje adelante, y ese personaje funcionaba de parapeto: lo que se contaba podía ser de cualquiera. Acá se lo saca. Contar las anécdotas propias con nombre y fecha es una apuesta distinta, porque ya no queda a quién culpar si el retrato sale feo.
— Espacio Marca
La sobredosis de información se combate con sobreestimulación.
El método Dadá
Sin embargo, el núcleo conceptual más potente radica en su adopción del método dadaísta. A principios del siglo XX, el movimiento Dadá nació como una respuesta al colapso violento e irracional de la Primera Guerra Mundial: la razón humana había conducido al desastre y la única respuesta posible del arte era abrazar lo absurdo, el collage, el chiste interno y expresar el sinsentido, la irracionalidad y la protesta antiburguesa. Dillom actualiza esa trinchera filosófica para el siglo XXI.
Quince días en una casona
Quince días de encierro con su equipo en una casona del 1800, de ubicación aún desconocida, hicieron que la efervescencia fuera constante y el descenso a la locura y alucinación, posible. Amigos reunidos vestidos de traje, abstraídos por completo del mundo digital y dando espacio única y obligatoriamente a la grabación lograron convertir esta pieza musical en algo irrepetible y ultragenuino. A la hora de componer, frases que nacen como bromas entre amigos, barras yuxtapuestas y giros métricos impredecibles terminan encajando dentro de una atmósfera opresiva y eufórica a la vez. No hay solemnidad ni intenciones de dar lecciones de ética; el artista comprende que la sobredosis de información se combate con sobreestimulación. Es el baño de un boliche, la sobreexposición en redes, la frivolidad de la escena, la conversación de una fiesta extraña y su propio estatus de estrella hechas un disco. Cada canción es un reflejo de la sensación que tiene el artista cuando se encuentra en todos esos lugares que la intuición te dice a gritos que no tenés que estar; en ese espejo se observan todos los personajes, él incluido.

A esta producción se suman voces que a nosotros como espectadores nos toca descubrir. El artista nos propone una obra realizada desde el puro placer y pasión de reunirse a crear arte, se divierte haciendo música con todas las intenciones de exagerar y ser lo más ridículo que le permita su esencia, es justo ahí cuando su espíritu de artista se expone a flor de piel. No busca la legitimación de artistas reconocidos que tranquilamente podrían aparecer junto al título de sus canciones y darles otro estatus y llegada, él quiere ser él. Podemos confirmar la participación de Juliana Gattas y Ale Sergi, de Miranda!, Sebastian Murphy (cantante de Viagra Boys), Juana Aguirre, Annie Clark (St. Vincent), Declan Mehrtens de Amyl and the Sniffers, Juana Rozas, Babeblade y, por último, Terra.
Reírse en la cara del abismo
Atravesar la oscuridad mediante el absurdo es la vía de escape que plantea la obra. Frente al dolor, el encierro y las contradicciones de la vida contemporánea, la respuesta para nada es el victimismo, más bien la mascarada. Se coloca justo en el centro de toda esta contradicción aceptando que un poco le gusta la diversión de estar adentro aunque eso tenga un precio muy elevado.
Hacia el final, la tormenta de distorsión y ritmo sintético cede espacio a un refugio. El disco concluye entendiendo que, tras el caos y la saturación del mundo exterior, el único antídoto contra la locura sistemática es el afecto genuino, la amistad. Con La Nueva Violencia, Dillom demuestra que su verdadera esencia nunca residió en encasillarse en un sonido estático, sino en su capacidad de leer el pulso de su tiempo. Ha construido un espejo grotesco de la sociedad actual, recordándonos que, cuando la realidad se vuelve insoportable y violenta, reírse en la cara del abismo es el acto de resistencia más lúcido.
El absurdo como respuesta.La pieza lee el tercer disco de Dillom con el método de Dadá: un grupo chico, encerrado a propósito, que contesta la saturación con más saturación.

Esconder a los invitados es la decisión más arriesgada del disco y casi nadie la discutió. Un featuring anunciado es audiencia prestada; sacarlo del tracklist obliga a que la canción se sostenga sola. Cerrada la trilogía, queda ver con qué se arma el cuarto una vez que el personaje ya se gastó.
— Espacio Marca
Otra pieza sobre un artista argentino que se pone encima un código ajeno y lo lleva hasta el final, sabiendo que la máscara también dice algo de quien la usa.
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