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Artículos / Arte · Obra

La casa de Moria se mira en Pocetti.

En la serie de Netflix sobre Moria Casán, las pinturas de Ornella Pocetti cuelgan en la casa de Parque Leloir como un espejo enrarecido de la diva. La serie y los cuadros hacen de la seducción un arma, y comparten un gótico más porteño que mágico.

Por Abril Raposo11 min de lectura
Ciclo
Octubre 2026
Categoría
Arte · Obra
Eje
El gótico porteño en casa
Retrato pintado de una mujer de piel azul y pelo negro, con gotas sobre el abrigo y una paloma en el hombro.
Una mujer de piel azul, con una paloma en el hombro / Obra: Ornella Pocetti.

Parte 1

¿Qué cuelga en las paredes de una diva?

Moria, la serie de Netflix sobre la vida de Moria Casán, se estrenó el 14 de agosto y trasciende el registro biográfico. Dirigida por Javier Van de Couter, con Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth como la One en distintas etapas, traduce la subjetividad de la diva a través de un maximalismo saturadísimo.

Una casa para el mito

Lejos de copiar fielmente la casa de Moria en Parque Leloir, la escenografía articula una acumulación total de cosas: estampados de animales, luces dramáticas, todo al servicio de construir el mito, su mito. La dirección de arte de Lola Cafardo y el diseño de producción de Walter Cornás y Juan Cavia piensan el espacio doméstico como una extensión del personaje.

En ese espacio, la inclusión de las pinturas de Ornella Pocetti es muy estratégica. Sus cuadros funcionan como un espejo enrarecido del personaje. Ya estaban en colecciones privadas y el estudio de Cornás y Cavia los eligió para el set, donde conviven con obras de Cata Alberici, Marcelo Canevari y Adriana Lombardozzi. Entre todas, a través de figuras femeninas, retratan distintos estadios de Moria: pasados, presentes y futuros.

Una figura rosada con gotas en el cuerpo se arquea sobre un río del que asoma una garra negra.
Una criatura rosa se arquea sobre el río, del que asoma una garra negra / Obra: Ornella Pocetti.

Gótico vernáculo

Ornella Pocetti nació en Buenos Aires en 1991 y estudió Artes Visuales en la Universidad Nacional de las Artes. Es una de las artistas que recuperan la figuración frente al predominio de la abstracción y el conceptualismo en la escena contemporánea. Su técnica se alimenta de la pintura europea histórica y de los pintores de la Edad Media, pero también de la Nueva Escuela de Leipzig de Neo Rauch y Rosa Loy, del manga de terror de Junji Ito y de una referencia argentina ineludible: Mildred Burton.

Su obra combina el gótico vernáculo, el surrealismo y el terror para indagar en umbrales donde lo cotidiano se vuelve fantasmal y sensual. Sus lienzos arman narrativas en torno al miedo, con una atmósfera uncanny que le debe tanto a Suspiria, de Dario Argento, y a David Lynch como a la historia del arte.

Durante años, la mirada internacional intentó encasillar a la producción latinoamericana de corte surrealista bajo el rótulo de «realismo mágico». La oscuridad de Pocetti tiene otra genealogía, más urbana: la que Julio Cortázar, cuyos cuentos de Bestiario están entre las lecturas que la formaron, rastreó en sus «Notas sobre lo gótico en el Río de la Plata». En su pintura, lo siniestro deja atrás los castillos y las neblinas del gótico europeo y sale de la cultura y la historia porteñas, como una forma de procesar la realidad que resulta inevitablemente sombría. Sus cuadros se leen como un mapa de la neurosis de Buenos Aires.

Todas sus obras parecen ocurrir dentro de un mismo universo, como piezas de un rompecabezas que encastran perfecto entre sí. Simulan escenarios teatrales o fotogramas de una misma película, donde la naturaleza y la arquitectura doméstica se vuelven extrañas. En sus composiciones, Buenos Aires escapa de lo geográfico y se convierte en la escenografía de un estado mental.

Una mujer de mono rosa, guantes negros y botas rojas, arrodillada en un claro del bosque junto a una cabeza cortada.
Mono rosa, botas rojas y una cabeza en el pasto / Obra: Ornella Pocetti.
Una figura de traje negro y capucha blanca, envuelta en una cinta rosa, abre los brazos en un bosque.

El núcleo

El gótico porteño, en casa.

Parte 2

La seducción como arma

Si la serie y los cuadros se entienden tan bien es porque miran a la mujer desde el mismo lugar. Ambas propuestas la presentan como una entidad desafiante y vanguardísima, que convierte la seducción en un artefacto de poder.

Lo más inquietante, aunque terriblemente atractivo, de la estética de Pocetti son las corporalidades femeninas y no binarias: figuras dominantes en comunión constante con una naturaleza extraña, que suelen estar en estados intermedios, durmiendo, colgadas cabeza abajo, transformándose o en rituales con animales. Así se borra la línea entre lo humano y lo monstruoso, que es el núcleo de su universo. La figura femenina en Pocetti deja de ser un objeto de contemplación para volverse protagonista de una resistencia silenciosa.

Una mujer de pelo rubio hasta el piso y botas blancas, en un portal encendido en rojo, sostiene de la trenza una cabeza rosa. La tela está en un marco de madera clara.
Pelo rubio hasta el piso y una cabeza rosa sostenida de la trenza / Obra: Ornella Pocetti.

Marcos que tuercen el espacio

La densidad del decorado de la serie sincroniza perfecto con los símbolos de sus pinturas: gotas, flores de vidrio, paisajes nocturnos, criaturas en plena metamorfosis. Y también con sus marcos tridimensionales, que distorsionan el espacio tradicional del cuadro. En Candado, el óleo sobre tela se encastra en una pieza de madera de cedro; en Terrible Shadow, una reja de hierro se monta sobre la pintura.

Ese juego con el umbral se puede recorrer hasta el 9 de noviembre en Curada de espanto, su primera muestra individual en un museo, en el MACBA (avenida San Juan 328, San Telmo), todos los días menos los martes, de 12 a 19. Con curaduría de Carlos Gutiérrez, el recorrido se ordena alrededor de un arco central que construyó el padre de la artista y que funciona como puerta de entrada.

Barroco pop y surrealismo

El cruce entre este barroco pop televisivo y el surrealismo pictórico transforma la casa de Parque Leloir en un territorio donde el glamour y el misterio son parte de una mujer de fuerza indomable.

El mundo de Pocetti demuestra que la pintura no tiene que renunciar a la belleza para ser inquietante, ni a la figuración para ser conceptualmente densa. Lo más salvaje no está en ese bosque extraño, sino en la ciudad oscura que habitamos a diario.

Una modelo con sweater negro estampado con una mosca, apoyada sobre una pantera negra de gran tamaño.La siguiente piezaEdgardo Giménez hizo de la alegría una prenda.Seguir con esta piezaLa indiferencia de Blonda Bugs, de Mildred Burton: una niña rubia de vestido rosa estampado, con dos insectos del estampado sobre la cara.Esta pieza dialoga conMildred Burton metió la fiera en el salón.Pocetti nombra a Burton como una referencia ineludible. Esa pieza cuenta cómo la pintora dejaba entrar un insecto, una garra o un tigre en salones prolijos: la misma tensión entre ternura y amenaza.Leer la pieza del archivo

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