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Renata Schussheim: devoción por lo analógico y lo sensible

Dibujante, vestuarista y directora de arte, Renata Schussheim convirtió canciones y personajes en materia. De los escenarios de Charly García a sus criaturas híbridas, una obra construida con dibujo, luz y oficio.

Por Abril Raposo9 min de lectura
Ciclo
Octubre 2026
Categoría
Arte · Obra
Eje
Dar cuerpo a la imaginación
Obra de Renata Schussheim: una figura con vestimenta amarilla, halo y dos aves blancas sobre fondo negro.
Obra de Renata Schussheim. Imagen: MC Galería.

Parte 1

Renata Schussheim es, sin duda alguna, una personalidad muy difícil de definir y encasillar. Una artista multifacética, vestuarista, dibujante, una mente analógica capaz de construir algunos de los universos plásticos más influyentes de nuestra cultura popular, a partir de esta convivencia de mundos artísticos que recorre desde lo más profundo de su alma y sus emociones, sin filtros intelectuales.

Pese a haber transitado más de cinco décadas diseñando para la ópera, el ballet y la música en vivo, Schussheim rechaza la etiqueta de la «retrospectiva» convencional. Según ella, el pasado se reescribe constantemente, se reinventa y se retroalimenta: «Nadie inventó la pólvora».

El dibujo y la luz

Su camino en el arte comenzó de muy joven. A los nueve años ya estaba tomando clases de dibujo y, a los quince, realizando su primera muestra. Carlos Alonso, de quien fue discípula, fue una de sus mayores influencias, junto con El Bosco y Aubrey Beardsley, entre otros. Y, por supuesto, el haber sido una observadora en primera fila del universo de vanguardia del Di Tella en pleno auge.

La narrativa visual de Renata se construye a partir del dibujo y la luz. Ella pisa fuerte en lo analógico, lo artesanal, la materia real, y sostiene esa bandera en lo alto. Fue esta devoción la que moldeó su enfoque conceptual, que progresivamente se encargaría de componer, de forma imborrable e inconfundible, la estética del rock argentino desde finales de los años setenta. Era una época en la que la tecnología en los escenarios era bastante precaria, pero, a pesar de eso, Schussheim supo traducir la poesía y los efectos sonoros de la música a algo físico, algo tridimensional.

Darle cuerpo a la música

Su complicidad creativa con Charly García, a quien conoció en la época de La Máquina de Hacer Pájaros y a quien describe como un «hermano artístico», redefinió la experiencia del concierto masivo y del videoclip. En 1982, para la presentación del disco Yendo de la cama al living en el estadio Ferro, concibió junto a Charly una escenografía urbana de utilería a gran escala que se desmoronaba al ritmo de los fuegos artificiales durante «No bombardeen Buenos Aires»: un acto total de dramaturgia visual que unió el recital de rock con la performance teatral.

Esa misma sinergia se multiplicó en sus colaboraciones visuales e intervenciones gráficas para Serú Girán, las ilustraciones e intervenciones en Música del alma y su trabajo con figuras como Luis Alberto Spinetta y Federico Moura, entre muchos otros.

Renata Schussheim, de cabello rojo, anteojos oscuros y ropa negra, con una mano junto al mentón.

El núcleo

La música también toma cuerpo.

Imagen: Perfil.

Parte 2

Un universo de criaturas

De todas formas, su universo y su espíritu exceden límites y se expanden en una constante retroalimentación con el teatro de vanguardia, la danza y las artes plásticas.

Desde sus alianzas creativas con el coreógrafo Oscar Araiz y el grupo Caviar de Jean-François Casanovas hasta sus intercambios epistolares y proyectos con Manuel Puig, su obra ha tejido una iconografía inconfundible: seres híbridos, personajes ataviados con máscaras, mantas coloridas, vestidos que se deconstruyen y sus célebres nadadoras suspendidas en el aire, iluminadas.

Obra de Renata Schussheim: tres figuras de cabellos blancos rodean a un animal sostenido por la figura central.
Criaturas y cuerpos híbridos en una obra de Renata Schussheim. Imagen: Clarín.

Un archivo que sigue vivo

Si bien ahora se encuentra creando su archivo, se mantiene activa. Exposiciones como Al rojo vivo y Fulgor, presentada en Italia en 2026, demuestran la vigencia de su lenguaje. La artista interactúa con las nuevas generaciones. Nunca le importó mucho ser parte del circuito galería-marchante: espera que sus muestras sean visitadas por todos aquellos que «no son parte» del circuito. Espera despertar esa curiosidad porque esas visitas, al fin y al cabo, son las que más le importan.

El valor de Renata Schussheim radica en haber funcionado como un puente vivo entre la mística liberadora de las vanguardias del siglo XX y la sensibilidad visual contemporánea.

En 2026 publicó su libro Figurines, que recopila y selecciona sus diseños de vestuario favoritos realizados para diversas obras teatrales. Allí se revela el detrás de escena de cada una de ellas, el imaginario onírico y sus personajes más característicos.

Tapa del libro Figurines de Renata Schussheim, con un personaje de vestido rojo sobre fondo negro.
Figurines, de Renata Schussheim, publicado por Eudeba y Ampersand. Imagen: Tiempo Argentino.
Pintura concreta con planos de color sobre fondo claro.La siguiente piezaLa geometría porteña sigue saliendo del cuadroSeguir con esta piezaDibujo de Nicolás Said: una mano monumental sostiene pequeñas figuras.Esta pieza dialoga con¿De qué manera podemos atrevernos a imaginar nuevas formas narrativas?Nicolás Said también encuentra en el dibujo una forma de alterar lo familiar.Leer la pieza del archivo

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