La revista de arte y cultura de Ciudad Buenos AiresCiclo septiembre y octubre de 2026

Artículos / Cultura y sociedad

El espectador dejó de mirar.

En los sesenta, el arte porteño hizo algo incómodo: borró la distancia entre la obra y el público. El que miraba pasó a estar adentro.

Por Lourdes Veliz6 min de lectura
Ciclo
Abril 2026
Categoría
Cultura y sociedad
Eje
Reactivación
«Yard» (1961), de Allan Kaprow. Martha Jackson Gallery, Nueva York.
«Yard» (1961), de Allan Kaprow. Martha Jackson Gallery, Nueva York.

Parte 1

En los sesenta, el arte porteño dejó de ser algo que se miraba y se convirtió en algo que se habitaba, como consecuencia de las crecientes crisis institucionales y las dictaduras intermitentes que se prolongaron hasta la década de los ochenta.

El happening

Los happenings del Di Tella, protagonizados por Marta Minujín, Dalila Puzzovio, Delia Cancela y Edgardo Giménez, entre otros, comienzan a ser una práctica común en la vanguardia porteña. Las inauguraciones, las fiestas, los encuentros en los talleres de los artistas, hasta la vida misma de muchos de ellos, se transforman en una suerte de happening permanente.

Eran situaciones —no performances en el sentido contemporáneo del término— donde el espectador habitaba su lugar de manera activa y pasaba a ser material de la obra.

Atmósfera de los happenings del Di Tella.

El núcleo

El happening no se contemplaba desde una butaca. Te incluía —y al incluirte, te volvía material de la obra.

Parte 2

La Menesunda

La Menesunda (1965), de Minujín y Rubén Santantonín, es uno de los casos más documentados: un laberinto de dieciséis ambientes donde el visitante atravesaba dormitorios, salas refrigeradas, paredes que se estrechaban, habitaciones con espejos, papel picado fluorescente, objetos enormes. De esta manera, el público experimentaba la obra entera: se convertía en protagonista.

El arte dejó de pedir una mirada. Empezó a pedir un cuerpo que lo atravesara.

La pregunta

Los happenings eran registrados como “actividad delirante” por las revistas de la época. Sin embargo, exponían una operación conceptual precisa: disolver la distancia entre el arte, el artista y quien lo recibe.

La pregunta que abrieron los sesenta sigue en pie, aunque desplazada: ¿bajo qué condiciones participa el espectador?

— Lourdes Veliz · Ciclo Abril 2026

Portada: La CiénagaLa siguiente piezaLa CiénagaSeguir con esta piezaJulio Le ParcEsta pieza dialoga conDespedimos a Julio Le Parc.La misma búsqueda contada desde París: borrar la distancia entre la obra y el público, con luz y movimiento.Leer la pieza del archivo

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