Las margaritas de Thatcher y un mameluco prestado: Trompe l’oeil.
Daniel Ontiveros pintó la Guerra de Malvinas como excombatiente. El uniforme de su instalación es el que usó él mismo en las islas. Las margaritas, sí: son por Margaret.

Daniel Ontiveros nació en 1963. Estudiaba en la Escuela de Artes Visuales de Mar del Plata cuando lo convocaron a la Guerra de Malvinas, en 1982. La obra que mejor sintetiza esa experiencia se llama Trompe l’oeil: una instalación con un uniforme militar, margaritas de plástico y un paisaje marítimo de fondo. Es una pieza de memoria, pero también una operación visual: trampa para el ojo.
La obra
Una instalación. En el centro, un uniforme de infantería de marina. En el uniforme, margaritas de plástico cosidas o adheridas. De fondo, un paisaje del mar. El título —trompe l’oeil, “engaño del ojo” en francés— remite a una técnica pictórica renacentista en la que un objeto pintado parece real, tridimensional.
Ontiveros usa el término en dos direcciones: como la técnica artística clásica que su pintura efectivamente practica, y como crítica al “engaño” mediático sobre la guerra en 1982.
El uniforme de la instalación es el mameluco que Ontiveros tomó de un almacén porque no le habían dado indumentaria adecuada para el frío.
El uniforme real
La parte más afilada de la pieza es el dato biográfico. Ontiveros no tenía indumentaria reglamentaria adecuada para el frío de las islas. Tomó un mameluco de un almacén para abrigarse. Ese mismo mameluco —no uno parecido— es el que está en la instalación.
Lo que en otra obra sería un objeto simbólico, acá es un objeto de supervivencia. La distinción es importante: el espectador está viendo el equipo real que un cuerpo concreto usó para no morir de frío, no una representación del soldado.
La diferencia entre el objeto simbólico y el objeto real está en quién lo usó. Cuando el artista es el dueño del objeto, el símbolo se desarma.
Las margaritas
Las margaritas son por Margaret Thatcher. La asociación es lateral pero clara: la flor que da nombre a la Primera Ministra británica, cosida al uniforme del soldado argentino. La operación es de ironía formal —no de denuncia política directa— y por eso funciona. La pieza muestra, sin tomar posición, los dos elementos que constituyeron esa guerra (el soldado conscripto, la decisión política externa) en la misma superficie.
Memoria
Ontiveros vino a su obra desde la guerra, no desde la teoría. Su padre fue tallista de madera; creció dibujando copias de grandes maestros como formación pre-académica. Cuando le tocó Malvinas, ya estaba estudiando Bellas Artes. Volvió, terminó, y en lugar de hacer arte “sobre” la guerra, hizo arte desde la guerra. Cuatro décadas después, Trompe l’oeil es una de las piezas más circuladas sobre el conflicto.
Memoria de Malvinas. La operación de Ontiveros: traer su propio equipo de combate al espacio expositivo, sin transformarlo en metáfora. La pieza funciona por dato biográfico, no por composición.

Otra forma de la misma incomodidad: el arte que discute el modo en que hoy se mira.
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