Arder era parte del espectáculo.
Bailarinas Incendiadas retoma a las bailarinas del siglo XIX que ardían bajo la iluminación a gas — y no deja que el espectador mire desde afuera, como hacía Degas.

Parte 1
Bailarinas Incendiadas es una obra que nos puede hacer sentir como un pintor de 1800. La función tiene lugar en el Centro Cultural Borges: una coreografía de danza contemporánea que intenta interpelar al espectador de una manera disruptiva. Dirigida por Lucía Acuña y Carla Di Grazia, la obra propone una tragedia con soporte historiográfico en la dramaturgia de Mariana Chaud y Alejo Moguillansky, en el marco de una investigación realizada por Ignacio González.
El ritual
Los intérpretes son bailarines, mujeres y hombres sin distinción, que invitan a participar de su ritual, que retoma a «las brujas de la Inquisición» para adentrarnos en relatos del siglo XIX.

Los tutús y el gas
Para ese momento, las salas se iluminaban a gas. Si bien existían trajes ignífugos, muchas bailarinas se negaron a usarlos, porque los tutús de gasa románticos eran parte del espectáculo que se les exigía sostener. Los espectáculos podían poner en riesgo sus vidas — muchas de ellas fallecieron debido a esto.
La casa suele mirar cuadros; esta vez el cuadro se levanta y baila. Cuando una obra obliga al espectador a dejar la butaca del que mira desde afuera, hay que ir — y esta pieza explica por qué.
— Espacio Marca
Los tutús de gasa románticos eran parte del espectáculo que se les exigía sostener — aunque ardieran.
Degas, desde afuera
En las obras de Edgar Degas como «Deux danseuses jaunes et roses» o «Arlequin danse», expuestas en el Museo Nacional de Bellas Artes, se destacan figuras de bailarinas en movimiento que, según Claudia Turolla, representan «bailarinas como mujeres trabajadoras, que luchan duro para desarrollar sus habilidades, que a veces se desaniman, se cansan y solo ocasionalmente alcanzan el estrellato». Es decir: mujeres que quedaron en el olvido a pesar de su esfuerzo y trabajo, sumado a los peligros de la iluminación a gas.
Arder adentro
Degas observó desde afuera e intentó plasmar su visión. Pero con Bailarinas Incendiadas el espectador se introduce «hasta sufrir alguna transformación», gracias al baile casi demoníaco de estas bailarinas que muestran sus cicatrices. Los cinco bailarines danzan sin parar mientras narran los relatos más oscuros, y el espectador se mantiene de pie hasta ser absorbido por el ritual.
— Lourdes Veliz · Ciclo Julio 2026
Inmersión.Degas miró a las bailarinas desde afuera; esta obra mete al espectador en el ritual. La operación es cruzar esa distancia: del cuadro al cuerpo.

Hay obras que se reseñan y obras que se advierten. Esta es de las segundas: se entra de pie y se sale distinto. El museo guarda a Degas; el Borges, por unas funciones, guarda lo que Degas no pudo pintar.
— Espacio Marca
La misma operación, sesenta años antes: el arte porteño que borró la distancia entre la obra y el público. El que miraba pasó a estar adentro.
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