Dalila Puzzovio usó el cuerpo como vestuario.
Con yesos de hospital, corsés gigantes y zapatos flúor, la artista del Di Tella hizo de su propia imagen un material de trabajo. En 1966 puso su cara sobre el cuerpo de una modelo, algo que hoy un teléfono hace en un segundo.

Parte 1
Los primeros objetos de Dalila Puzzovio salieron de un hospital.
Dalila Puzzovio es una artista porteña que desde los años sesenta viene explorando la relación entre el cuerpo y la moda. Fue una de las figuras del Instituto Di Tella, y entre el 12 de abril de 2025 y el 22 de febrero de 2026 el Museo Moderno repasó su obra en Dalila Puzzovio: Autorretrato, con curaduría de Pino Monkes y Patricio Orellana. La muestra reconstruyó a escala original algunas de sus piezas más conocidas.
Cáscaras de yeso
Sus primeras obras están hechas con yesos ortopédicos usados que conseguía en el Hospital Italiano. Presentaban extremidades perturbadoras: objetos escultóricos que resignificaban apósitos, yesos y prendas de contención, y los transformaban en formas evocadoras y dinámicas, como huellas que conservaban la vibración de los cuerpos que los habían habitado.

En 1963 los mostró en Cáscaras, su segunda muestra individual, en la galería Lirolay. Rubén Santantonín la fotografió posando con las piezas puestas, como si fueran una prolongación de su propio cuerpo. Un yeso usado guarda la forma de alguien que ya no está adentro, y esa forma se puede volver a ocupar.
Corsés del tamaño de una habitación
En el Premio Di Tella de 1965 la escala cambió. Puzzovio levantó corsés gigantes de alambre y yeso, de unos dos metros por dos y medio, que funcionaban a la vez como obra y como dispositivo de exhibición. La prenda que en el cuerpo aprieta y da forma pasó a ocupar la sala como una arquitectura.

Ese mismo año, con Carlos Squirru y Edgardo Giménez, puso en la calle un cartel publicitario enorme con las caras de los tres y una sola pregunta: ¿por qué son tan geniales? Los artistas se ofrecían al público con el mismo lenguaje que un producto.

El núcleo
Un cuerpo que se cambia como la ropa.
Parte 2
Una cara sobre otro cuerpo
En 1966 ganó el Premio Nacional Di Tella con Dalila autorretrato, un cartel monumental rodeado de lamparitas, como una marquesina. En la imagen, su cara aparece sobre el cuerpo de la modelo alemana Veruschka von Lehndorff. Está recostada en la arena, con collar de piedras, bikini y sandalias atadas a la pierna: una pose de revista de moda con otra cabeza. El Museo Moderno reconstruyó el cartel a su escala original y le dio su nombre a la muestra.
Doble plataforma
Un año después, en 1967, ganó el Premio Internacional Di Tella con Dalila doble plataforma: zapatos de cuero en colores flúor, con suelas altísimas, exhibidos en una vitrina de acero iluminada por dentro. Los fabricó Grimoldi, y los mismos modelos se vendían en sus locales mientras la obra estaba en el Di Tella. La obra y el producto eran el mismo zapato.
Subirse a esas suelas cambiaba la altura del cuerpo y, con ella, el lugar desde donde se mira. Años después, en una entrevista con La Nación, lo resumió a su manera: «Allá en lo alto el ozono modifica las células cerebrales».
Diosas o diablas
Para Dalila, el arte y la moda conforman «un abecedario con el que transmitir distintas narraciones», un vocabulario que nos permite reinventarnos y construir con libertad nuestro propio retrato, imaginándonos con distintos ojos y formando personajes casi contrapuestos: diosas o diablas.
En su obra la piel funciona como una envoltura que se puede cambiar, y el cuerpo, con su imagen, se vuelve un lugar de metamorfosis e invención. Dalila mezcla la posición de la mujer como objeto de contemplación y la de la mujer como creadora, y juega a confundir los dos roles hasta mostrar lo que comparten y lo que los tensiona. En esa ambigüedad hay una pregunta a los estereotipos de género y una afirmación de su propia capacidad para reinventar las reglas de cómo se hace y cómo se exhibe el arte.

A fines de los sesenta diseñó prendas tejidas con máquinas Knittax que se vendían en boutiques como Madame Frou-Frou, y durante años hizo vestuario para cine, televisión y teatro. Dibujos, muebles, pinturas en colores vibrantes, cientos de fotografías y esculturas después, la multifacética Dalila Puzzovio demostró su fuerza como mujer, artista, creativa y diseñadora de moda, y su valor como inspiración para las y los jóvenes que hoy se abren camino en la industria.
El filtro antes del filtro
Hoy cualquier teléfono pone una cara sobre otro cuerpo en un segundo. Los filtros alargan pestañas, cambian el color del pelo, prueban un vestido que no existe. En 1966 Puzzovio hizo lo mismo a mano, en un cartel de varios metros con luces alrededor, y le puso su nombre de pila.
La diferencia está en la escala y en el truco a la vista. El filtro dura lo que dura una historia de Instagram y se disimula; el cartel de Dalila ocupó una sala del Di Tella, y casi sesenta años después volvió a ocupar una del Moderno con el marco y las lamparitas bien visibles. Queda la pregunta que ella dejó colgada con su propio nombre: de todas esas versiones, ¿cuál es el autorretrato?
La operación
Vestirse de cuerpo. Dalila Puzzovio trata el cuerpo como una prenda: lo vacía en yeso, lo agranda en corsés, le cambia la cara y lo sube a una plataforma.
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