La revista de arte y cultura de Ciudad Buenos AiresCiclo septiembre y octubre de 2026

Artículos / Arte · Obra

Verónica Gómez pinta el presente con ropa victoriana.

Sus niñas pálidas posan como en un estudio fotográfico del siglo XIX, entre mulitas, murciélagos y abanicos que esconden un arma. Detrás de la estampa antigua, la pintora porteña retrata la Argentina de hoy.

Por Abril Raposo7 min de lectura
Ciclo
Octubre 2026
Categoría
Arte · Obra
Eje
El siglo XIX como lente
Pintura de cuatro niñas pálidas que posan como en un retrato de estudio, delante de un cortinado verde y un empapelado amarillo con ciervos.
Verónica Gómez, La cuarta hermana (2020).

Parte 1

En el panorama de las artes visuales contemporáneas en Argentina, la obra de Verónica Gómez funciona a través de imágenes donde el tiempo lineal queda en suspenso.

Profesora egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes «Prilidiano Pueyrredón» y licenciada por la Universidad Nacional de las Artes, Gómez ha consolidado un lenguaje pictórico tan riguroso en su técnica como denso en sus implicancias alegóricas. Su producción utiliza la estética del siglo XIX y los códigos victorianos para interrogar, tensionar y desentrañar las paradojas del presente político, social y subjetivo.

El estudio fotográfico del siglo XIX

Uno de los ejes más definitorios de su propuesta es el rescate conceptual de la fotografía victoriana como matriz de indagación formal y temática. Durante el siglo XIX, la imagen fotográfica estuvo rodeada de un halo ritual, mortuorio y misterioso, visible en prácticas como las de las hidden mothers (madres cubiertas con telas para sostener inmóviles a sus niños durante las largas exposiciones de estudio) o los retratos post mortem. Gómez toma explícitamente estas referencias históricas para reconfigurarlas sobre el lienzo. Crea su lenguaje y sus personajes trasladando la rigidez, la contención cromática y la solemnidad del retrato decimonónico a la pintura. La artista compone un espacio inquietante donde los rostros lánguidos y pálidos conviven con marcos de pana rosa, varillas doradas o terminaciones de madera torneada.

Pintura de una mujer con una gran toca blanca que sostiene un murciélago sobre la falda; detrás, un retrato enmarcado y un empapelado de cisnes.
El último de la estirpe, de la serie Las casas de las niñas inusuales.
Sala de exposición con paredes empapeladas en amarillo y rojo, pinturas colgadas y un biombo de tres hojas pintadas en el centro.

El núcleo

El tiempo lineal queda en suspenso.

Parte 2

Fauna de gabinete

El cruce entre épocas se profundiza a través de un procedimiento emparentado con el Gabinete de Curiosidades y la fábula zoológica. En sus composiciones las protagonistas son niñas inusuales, damas con abanicos de guerra, criaturas híbridas o figuras místicas que se entrelazan con elementos de la fauna local e icónica argentina. Cruza el imaginario religioso tradicional y la gráfica victoriana con una fauna doméstica y conurbana. A través de esta hibridación, lo que a primera vista parece una estampa decimonónica inocente revela rápidamente fisuras de crueldad, humor negro y extrañamiento, desarmando la supuesta inocencia del pasado para cuestionar la moralidad de nuestra era.

Pintura de un patio de arquitectura rosada con piso en damero: una niña de pelo largo y vestido amarillo, una figura de capucha rosa y otra de espaldas con trenzas.
Las hermanas, en la muestra de la Colección Amalita (2023).

Crónica en tiempo real

En sus producciones y exposiciones más recientes, tales como Las casas de las niñas inusuales o Las vestiduras peligrosas, los elementos del pasado son reinterpretados para reclamar cuestiones que atraviesan nuestro presente. La propia artista concibe su trabajo como una suerte de crónica en tiempo real de la realidad social argentina. Las referencias victorianas pasan de refugio estético a ser una lente analítica para procesar fenómenos contemporáneos como la polarización, la circulación masiva de discursos de odio en entornos digitales y la violencia discursiva. Los arquetipos mediáticos o políticos actuales son revestidos con atributos reales y ropajes históricos, exponiendo cómo los viejos delirios colectivos o autoritarios resurgen filtrados por la tecnología del siglo XXI.

Pintura de una figura cubierta de pelo, con corona roja y dorada, sentada en un trono entre cortinados turquesa.
El Rey León, de la muestra Las vestiduras peligrosas (Galería Cott, 2024).

La pintura como herramienta

Distinguida con importantes reconocimientos en el ámbito nacional (como el Primer Premio del Salón Klemm, el Gran Premio Adquisición del Fondo Nacional de las Artes y el Primer Premio de Pintura del Banco Central), Verónica Gómez demuestra la vitalidad de la pintura como herramienta de crítica cultural.

Portada: un brazo robótico blanco rastrilla círculos en la arena.La siguiente piezaEl robot de la arena que somos nosotrosSeguir con esta piezaLa indiferencia de Blonda Bugs, de Mildred Burton: una niña rubia de vestido rosa estampado, con dos insectos del estampado sobre la cara.Esta pieza dialoga conMildred Burton metió la fiera en el salónOtra pintora que sentó animales en el retrato de salón y dejó que lo doméstico se volviera inquietante. La misma familia de imágenes, unas décadas antes.Leer la pieza del archivo

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