Delia Cancela lleva el corazón puesto afuera.
A los 85, la artista que se formó entre el Di Tella y Londres sigue dibujando mujeres-pájaro y flores que incomodan. Hace sesenta años que su obra pone el corazón del lado de afuera del cuerpo: en un dibujo, en una tela, en una prenda.

Parte 1
¿Conocés ese pájaro al que llaman apuñalada de Luzón?
Es una paloma que tiene en el centro del pecho una mancha roja que parece una herida desangrándose, casi como si su corazón estuviera por salir. Vive en los bosques de la isla de Luzón, en Filipinas, y el rojo se le extiende hacia el vientre en un rosa que se va apagando, como sangre secándose sobre la pluma.
Hay artistas que crean ecosistemas artificiales, nada más ni nada menos que la mismísima cultura, donde se encuentran naturaleza y arte. Delia Cancela atrapa con sus paradojas, esas en las que «florcitas inocentes se tornan provocadoras, mujeres-pájaro de trazo delicado y frases que subvierten el sentido común con una mezcla de ironía y lirismo», según la describe la galería Ruth Benzacar, que representa su obra.

El corazón afuera
Nació en Buenos Aires en 1940 y se formó en la Escuela de Bellas Artes. En 1964, con veinticuatro años, hizo «Corazón destrozado»: óleo, madera, seda y tinta sobre papel, un corazón abierto que hoy integra el catálogo de Radical Women del Hammer Museum. Esa es la primera vez que el órgano se le sale del cuerpo a la obra. No fue la última.

El núcleo
El corazón, del lado de afuera.
Parte 2
La pintura te consume, el dibujo es herramienta
Para Delia, la pintura se expande, te consume y te atrapa, mientras que el dibujo funciona como una herramienta, un elemento que permite crear y bocetar. Es una artista multifacética que, desde los años 60, tomó el lenguaje de la moda y, con él, los bocetos, para sumergirse en el dibujo, los collages, las telas y los objetos, y proponer un arte tan político como íntimo.
La moda entendida como escultura
Es curioso pensar el entrelazamiento de sus obras con la moda, porque, si bien entiende la naturaleza estética de las tendencias, marca una fusión entre el cuerpo, el movimiento y el arte. Ella entendió la moda como se entiende la escultura: una sensibilidad que atraviesa el movimiento y acompaña el cuerpo con distintos materiales, incluso los no convencionales.
Con Pablo Mesejean, su compañero desde los años 60 y con quien se casó en 1965, montó «Love and Life» en la galería Lirolay ese mismo año y «Nosotros Amamos» en el Di Tella en 1966. En 1968, los dos retiraron sus obras de Experiencias 68 en protesta por el control policial sobre la muestra. Después vino Londres: la marca Pablo & Delia funcionó allá entre 1970 y 1975, y de ahí pasaron a París, donde trabajaron con Yves Saint Laurent y con Kenzo. Mesejean murió en 1991.

Sigue
Vive en Buenos Aires desde 1999 y en abril de 2025 la embajada francesa la nombró Officier dans l’Ordre des Arts et des Lettres. De los museos de Europa se trajo una obsesión que todavía cuenta: los Nenúfares de Monet en l’Orangerie, donde se quedó sentada horas.
Sesenta años después de aquel primer corazón abierto, las mujeres-pájaro siguen apareciendo en sus dibujos. La apuñalada de Luzón no eligió su mancha. Cancela viene eligiendo la suya desde 1964, y todavía la lleva puesta.
La operación
Llevar la herida puesta. Cancela sacó el corazón afuera del cuerpo en 1964 y desde entonces lo viste: en dibujos, en telas, en prendas que funcionan como esculturas.
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