La joya francesa que ignorás cada mañana.

En 9 de Julio y Córdoba hay dos fuentes monumentales francesas del siglo XIX. Las cruzás todos los días sin verlas. Una pieza sobre cómo Buenos Aires aprendió a ignorarse.

Por Abril Raposo6 min de lectura
CicloMayo 2026
CategoríaEspacios · Patrimonio
EjePatrimonio
[ Imagen ] — una de las fuentes Du Val d’Osne en Buenos Aires.

Habitamos nuestra ciudad con una ceguera selectiva instalada décadas atrás. Nos rodean tesoros, aunque nunca terminamos de saber dónde están, de qué se tratan ni qué son exactamente.

Nuestras calles están protagonizadas por tesoros de fundiciones francesas del siglo XIX y no lo sabemos. En la intersección de la Avenida 9 de Julio y Avenida Córdoba —rodeadas por el rugido del tránsito y el apuro del hombre— hay dos piezas que descansan tranquilamente en el espacio público. Obras que en cualquier capital europea serían un centro de postal, pero que aquí son simples ornamentos: testimonio de una época en la que Buenos Aires compraba el lujo global para validarse ante el mundo.

Las dos fuentes monumentales de las plazoletas Provincia de Santa Cruz y Provincia de Jujuy llevan el sello Du Val d’Osne, una fundición que durante el segundo imperio francés se convirtió en la referencia máxima del arte industrial. Dominaba el mercado de réplicas de arte —a la par de la fundición Sauvageau—, ofreciendo a las ciudades ascender estéticamente a un precio menor que el del mármol original, pero con la durabilidad eterna del hierro fundido.

Estas piezas son parte de una red de diseño global: existen réplicas idénticas en la Plaza Rocío de Lisboa, en la Plaza de Armas de Tacna y en Valparaíso. Mientras en Portugal son un punto que define el paisaje urbano, en Buenos Aires pasan casi desapercibidas.

El estilo es Renacimiento italiano. Su núcleo escultórico está protagonizado por cuatro figuras sedentes —Neptuno, joven y anciano, y dos Náyades, ninfas protectoras de las fuentes—. En un segundo nivel, una columna sostiene un plato ornamentado con delfines y rosetas vertederas; sobre él, una ronda de niños pescadores remite directamente a los relieves de Luca della Robbia para la cantoría de la Catedral de Florencia. Es una pieza de densidad intelectual y técnica altísima, que hoy convive con basura flotante y caños oxidados en su espejo de agua.

[ El dato ]

Las cruzás todos los días en 9 de Julio y Córdoba. Son del segundo imperio francés. Y casi nadie las mira.

El viaje

Las fuentes fueron adquiridas en la fundición Du Val d’Osne (Del Valle de Osne) y originalmente ubicadas en la Plaza de la Victoria —actual Plaza de Mayo—, inauguradas para la conmemoración de la Revolución de Mayo el 25 de mayo de 1868, según los archivos municipales.

Una de ellas fue emplazada frente al Cabildo y la otra hacia la Recova. En 1883 se propuso un proyecto para retirarlas debido a la demolición de la Recova. Según Félix Haedo, al menos una seguía instalada allí en los carnavales de 1899, como lo atestigua la portada n.º 20 de la revista Caras y Caretas. Ambas permanecieron allí hasta 1932, cuando fueron sustituidas por dos estanques mucho menos ornamentados, que hoy se conservan en Plaza de Mayo.

Hay contradicciones en los datos cronológicos posteriores. Según los Archivos de Monumentos y Obras de Arte del Gobierno de la Ciudad, fueron retiradas de Plaza Victoria cerca de 1890; en 1925 se encontraban en el Corralón Municipal Labardén; una fue emplazada en el Parque Patricios, donde permaneció hasta 1962, antes de pasar por los depósitos de Dorrego y F. Alcorta, ser restaurada e instalarse en 1968 en Avenida Córdoba y 9 de Julio. La segunda llegó a la misma intersección en 1969.

Una Du Val d’Osne se ve sin ir a Lisboa: alcanza con aprender a mirar lo que ya tenemos.

La paradoja del presente

Estas dos obras son el recordatorio de que, aunque tengamos el primer nivel del arte mundial a nuestra disposición, nuestro contexto suele volverse invisible. Estar no es lo mismo que ser visto.

Reivindicarlas es una toma de posición sobre cómo habitamos la ciudad. Una Du Val d’Osne se ve sin ir a Lisboa: solo hace falta aprender a mirar lo que ya tenemos.

— Espacio Marca · Ciclo Mayo 2026

[ La operación ]

Reconocimiento. Dos fuentes francesas del segundo imperio puestas en evidencia: lo que la ciudad tendría que ver todos los días —y aprendió a ignorar.

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[ Esta pieza dialoga con ]
Una joya pensada en Buenos Aires en 1966. Gucci la subió a la pasarela medio siglo después.

La otra cara del patrimonio: lo argentino apropiado afuera, y lo francés ignorado adentro.

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