Greco señaló la calle y eso ya era la obra.
En julio de 1962, en Génova, Alberto Greco empezó a rodear con tiza a personas y objetos en la vereda y a firmar eso como obra propia. Lo llamó Vivo-Dito. No se llevaba nada: marcaba el círculo, escribía la fecha y la hora, y seguía caminando.

Parte 1
Alberto Greco fue un artista argentino (Buenos Aires, 1931) que desarrolló una forma particular de entender el arte y de hacerlo. Si bien asistió durante un tiempo a instituciones como la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y a distintos talleres, no recibió una formación tradicional.
Sin formación tradicional
No se sentía cómodo encasillado dentro del informalismo, un expresionismo abstracto europeo donde tienen lugar el uso de materiales y lo gestual, así como una base ideológica vinculada al existencialismo. Greco veía el arte como «una acción, una aventura continua, algo que acontece en cada uno»; por eso su relación con el arte fue apasionada y experimental: no tuvo temor en retomar expresiones artísticas antiguas ni en abandonar aquellas que sentía agotadas.
Tuvo una relación tormentosa con su madre, que él mismo relata en sus escritos, y esa fue una de las causas que lo llevaron a independizarse desde joven. Recorrió el noroeste del país y en 1954 se embarcó a París con una beca del gobierno francés, junto a un grupo en el que estaba María Elena Walsh. Una vez en la ciudad parisina empezó a pintar abstracciones y a exponerlas. El resto de su vida estará ligado a Europa: pasa largos períodos en Francia, Italia y, en especial, España, donde realiza gran parte de su obra.
La firma en la pared
Fue bastante rebelde y juguetón con el lenguaje. Incómodo con el rótulo de «el artista argentino representante del informalismo», intervino la esquina porteña de Corrientes y Libertad pintando «Alberto Greco ¡qué grande sos!» y «Alberto Greco, el pintor informalista más importante de América». A través de esta expresión se burla de todo y juega con los conceptos que determinan qué puede interpretarse como obra, al mismo tiempo que rompe con la idea del artista sagrado, así lo postula Melisa Boratyn en su investigación. Esta forma de aparecer e intervenir el espacio público lo caracterizará: seguirá dejando esas evidencias por las calles de España, en monumentos de Roma y en sus furtivos regresos a Buenos Aires.

Pintar «Alberto Greco, el pintor informalista más importante de América» en una esquina de Corrientes y Libertad es una broma que le sale cara a quien la lea mal. Greco se burlaba del rótulo que le habían puesto y al mismo tiempo lo usaba: el elogio se lo escribió él, sobre una pared que no era suya. La firma en la vereda funciona igual que la tiza de después. Las dos discuten quién decide dónde empieza una obra.
— Espacio Marca
El arte vivo es la aventura de lo real.
El manifiesto de Génova
Retomando la idea del «arte como acción, como algo que acontece en cada uno», y con un fuerte deseo de aproximarse a las personas, en julio de 1962 sale por las calles de Génova a pegar su Manifiesto Dito dell’arte Vivo y a «circular» con tiza objetos y personas en la calle. ¿Qué significa esto?

«El arte vivo es la aventura de lo real. El artista enseñará a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñará a ver nuevamente aquello que sucede en la calle. El arte vivo busca el objeto, pero al objeto encontrado lo deja en su lugar: no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a la galería de arte. El arte vivo es contemplación y comunicación directa. Quiere terminar con la premeditación que significa galería y muestra. Debemos ponernos en contacto directo con los elementos vivos de nuestra realidad.»
Lo que hace el círculo
Así expresa su nuevo movimiento: a partir de marcar y señalar con tiza, se puede «encerrar» el arte vivo. Su obra fue clave a nivel local e internacional, ya que amplió las posibilidades en torno al arte, volviéndolo más auténtico, acercándolo a la gente y revalorizando lo mundano. El círculo no agrega nada a lo que rodea: le cambia el estatuto. Lo que estaba de paso queda firmado, fechado y expuesto sin haberse movido un centímetro.
Señalar en lugar de fabricar.La pieza sigue el gesto con el que Greco dejó de producir objetos y empezó a designar lo que ya estaba ahí, sin moverlo de lugar.

La tiza se borra con la primera lluvia y Greco lo sabía. De un Vivo-Dito queda la foto, o el testimonio de alguien que pasaba por ahí. Sesenta años más tarde el gesto tiene un heredero incómodo: cualquiera que levanta el teléfono y encuadra a un desconocido en la calle está haciendo lo mismo sin manifiesto y sin tiza. La diferencia está en si el que quedó adentro del círculo llegó a enterarse.
— Espacio Marca
La misma vereda, sesenta años después, convertida en escenario de contenido. Lo que Greco señalaba con tiza hoy se encuadra con una cámara.
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