En cinco cuadros, Raquel Forner puso la historia dentro del cuerpo de una mujer.
De «Ceres» (1933) a «Ícaro» (1944), la figura femenina de Forner pasa de diosa de la cosecha a ruina. En el medio está la Guerra Civil Española y una frase suya de 1938: quería que su pintura fuera «un eco dramático del momento que vivo».

Parte 1
Entre 1933 y 1944, Raquel Forner (1902-1988) pintó cinco cuadros que pueden leerse en fila. En todos hay una mujer; lo que cambia es lo que esa mujer sostiene: primero la cosecha, después el luto, al final la ruina. El corte lo marca la Guerra Civil Española, que Forner miró de lejos y pintó de cerca.
1933: la diosa
«Ceres» (1933, óleo sobre tela, 170 × 100 cm) toma el nombre de la diosa romana de la cosecha. Una figura monumental, casi esculpida, avanza con espigas en el brazo entre amapolas y peces. El repertorio de esos años es el de la fecundidad: espigas, frutas, peces, cuerpos geométricos de gran escala. En 2019 el Bellas Artes la incluyó en una muestra sobre Aby Warburg, leyendo esa iconografía como supervivencia de lo pagano.
1937: la trama se cierra
«Redes» (1937, 150 × 100 cm) muestra a una chica sentada contra una pared de redes de pesca, con una soga cruzada sobre la falda y pescados a los pies. La escala monumental se mantiene; el clima cambia: lo que en «Ceres» era abundancia acá aprieta. En 1939 la obra viajó al Riverside Museum de Nueva York con otro título, «The Captive».
La fecha importa, porque suele correrse de lugar. 1937 ya es plena Guerra Civil Española: en «Redes» la guerra todavía no aparece nombrada, aunque para entonces lleve más de un año afuera. Ni esta ni «Ceres» integran la Serie de España; pertenecen al ciclo de figuras femeninas monumentales de los años treinta.
Un dato que ordena la lectura: las cinco obras de este recorrido están en la Fundación Forner-Bigatti, la casa-taller que la propia artista convirtió en fundación en 1982. Ninguna cuelga en un museo nacional. El archivo de una de las pintoras centrales del siglo argentino se sostiene desde una casa, por decisión de ella misma.
— Espacio Marca
Primero sostiene la cosecha. Después, el hijo muerto. Al final, la cabeza es la ruina.
1938: el eco dramático
«Mujeres del mundo» (1938, 170 × 238 cm) consolida la Serie de España, que Forner había empezado en 1937. La figura central es América, inclinada hacia la tierra con espigas, en paz pero oyendo el clamor del mundo; detrás están China y España, angustiadas. A los costados, una madre acuna a su hijo muerto y una viuda toma la hoz para no perder el ritmo del trabajo. Al fondo, las ruinas de una aldea bombardeada y los aviones que se alejan. La descripción es de la propia Forner.
Después de presentarla, ese mismo 1938, dejó la frase que ordena toda la etapa: «Necesito que mi pintura sea un eco dramático del momento que vivo». «¿Para qué?» (1939, 153 × 97 cm) cierra la serie con una mujer sentada, las manos levantadas, un árbol seco al costado y el título convertido en pregunta sin respuesta.
1944: la caída
«Ícaro» (1944, 110 × 80 cm) pertenece a la serie El Drama. Una cabeza de mujer emerge de un acantilado, invadida por ramas retorcidas que la crítica leyó como vasos sanguíneos o heridas abiertas; alrededor, mar, rocas y figuras diminutas. En el cielo cae un paracaidista: ahí está el Ícaro del título; ahí el mito griego se vuelve un asunto de aviación y de guerra.
La misma mujer que en 1933 daba forma a la tierra es, once años después, el lugar donde se consuma la caída. Forner mantuvo el tema y cambió lo que ese cuerpo tenía que aguantar. Lo que vino después fue el espacio: en 1957, con el Sputnik, empezó a pintar astronautas. Esa ya es otra serie.
— Lourdes Veliz · Ciclo Julio 2026
Cuerpo y época.Cinco cuadros en once años. Forner usa la figura femenina como instrumento de registro histórico; el recorrido marca el momento exacto en que la diosa pasa a testigo.

La crítica de su época le reprochaba pintar «con virilidad», como si la escala y el drama fueran ajenos a una mujer. Se lo decían mientras ganaba salones y mientras el MoMA le compraba obra, en 1942. Conviene mirar estos cinco cuadros sabiendo eso: cada figura monumental es también una respuesta a quienes esperaban delicadeza.
— Espacio Marca
Forner pintaba mientras la crítica le reprochaba la escala. Esta pieza recorre a las que dieron esa misma pelea desde otras disciplinas.
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