Las cianotipias de Clara Zaragoza cambian según dónde te pares.
Una técnica de 1842, inventada para copiar planos, trasladada al cartón, la tela y el pliegue. En la obra de Zaragoza, la imagen depende del lugar desde el que se la mira.

Parte 1
La obra de Clara Zaragoza (Buenos Aires, 1998) reivindica el proceso, la lentitud y la experiencia física de mirar. Estudió Sistemas en la Universidad de Buenos Aires y en 2022 giró por completo hacia las artes visuales, sin renunciar a la tensión entre la lógica estructural y la libertad expresiva: la volvió método. Su trabajo excede el encuadre fotográfico y se parece más a un laboratorio, donde la luz, el recuerdo, la perspectiva y la materia se entrelazan hasta obligar al espectador a moverse para descubrir lo que permanece oculto.
Una técnica para copiar planos
El núcleo de su lenguaje es la cianotipia, un procedimiento fotográfico del siglo XIX, monocromo y de un azul inconfundible. La descubrió en 1842 el astrónomo y químico británico John Herschel, en plena Revolución Industrial, y durante décadas sirvió para reproducir de manera rápida y barata notas, diagramas y planos de ingeniería: de ahí viene la palabra inglesa blueprint. Poco después, la botánica Anna Atkins la usó para registrar algas y publicó con ella el primer libro ilustrado con fotografías.
La química es sencilla. Dos sales de hierro, citrato férrico amoniacal y ferricianuro de potasio, se mezclan a oscuras y se extienden sobre un soporte, que queda sensible a la luz. Al sol, los rayos ultravioleta reducen el hierro, y el enjuague con agua fija un pigmento insoluble: el azul de Prusia. Como el resultado depende de la intensidad del sol, del clima de ese día y de cómo absorbe cada material, no hay dos revelados iguales.

La cianotipia fuera del papel
Zaragoza deja de lado el uso botánico y la copia plana. Lleva la cianotipia al collage, a la escultura, a la intervención textil y al ensamble tridimensional. Despliega sus cianotipos sobre cajas de cartón reciclado, papel de diario, billetes o telas; los pliega, los corta en tiras y los superpone para que la imagen gane volumen, dialogue con el espacio y juegue con la ilusión óptica. El azul de Prusia, que ella asocia al agua y a lo onírico, terminó por volverse su firma, aunque no descarta otros colores ni otras técnicas.

La cianotipia nació para copiar planos sin margen de error. Zaragoza la usa en sentido inverso: cada revelado depende del sol de ese día y del papel que absorbe la emulsión. Una técnica de reproducción termina dando piezas únicas. El plano se copiaba; esto se revela una sola vez.
— Espacio Marca
La imagen cambia con el lugar desde donde se la mira.
Obras que piden moverse
El centro conceptual de su trabajo es la subjetividad de quien mira: la idea de que lo verdadero depende del punto de vista. Su primera individual, Punto Ciego (Galería Phuyu, 2025), y piezas como Los Ojos (2023), armada con 262 retratos que le enviaron personas de distintas partes del mundo, obligan a desplazarse. Las obras mutan, se refractan o revelan otra imagen a medida que el espectador camina frente a ellas.

La luz como huella
Entre un procedimiento de 1842 y la experimentación contemporánea, Zaragoza armó un recorrido que ya pasó por Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Miami, Barcelona y Ciudad de México. Su obra recuerda que fotografiar es, antes que nada, dejar que la luz y el tiempo trabajen. La técnica la obliga a aceptar el error y a ceder el control, y en ese margen encuentra su libertad.
Mostrar el proceso.Zaragoza toma una técnica de reproducción y la vuelve irrepetible; el texto acompaña ese pasaje hasta el espectador que camina.

Para Los Ojos pidió retratos por redes en lugar de salir a tomarlos. La obra se armó con miradas ajenas y se completa con la de quien pasa delante. De frente se ve una cosa. Un paso al costado, otra.
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Stern también desarmaba la fotografía para que la imagen dijera otra cosa: el fotomontaje de los años cincuenta frente al pliegue azul de Zaragoza.
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