Artículos / Cultura y sociedad
Arlt ya nos vio buscando dioses nuevos.
Caminó Flores con los manuscritos de El juguete rabioso y escribió como se hablaba en la calle. Sus personajes angustiados, que conspiran para darle una fe a quien ya no la tiene, se parecen demasiado a los de hoy.

Parte 1
En el antiguo barrio de Flores, hoy ya definido por la diversidad cultural y por su polaridad entre lo comercial y lo residencial (cada vez más comercial), caminaba hace casi un siglo Roberto Arlt con los manuscritos de El juguete rabioso.
Fue un escritor y periodista argentino que entendió, quizás demasiado bien, a la Argentina y a los argentinos, específicamente a los porteños.
Boedo y Florida
Para Sylvia Saítta, investigadora del CONICET, Arlt «es el testigo de la Ciudad» de aquellos años, que en el mundo literario se dividía en dos bandos: Boedo y Florida. Recordemos que en Florida encontramos a grandes exponentes como Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges y Macedonio Fernández, entre otros. Mientras que en Boedo se encapsulaba un grupo más anarquista y preocupado por la política, como Leónidas Barletta, Nicolás Olivari y Roberto Mariani.
Escribir como se habla
En un contexto literario, el de las primeras décadas del siglo XX, en donde todavía se discutía si escribir con «tú» o con «vos», él planteaba una mezcla entre ambas porque entendía que lo que se hablaba en la calle debía prevalecer por sobre el canon hegemónico de la lengua española.


El núcleo
Las personas necesitamos creer en algo.
Parte 2
El mundo al revés
En sus obras presenta una feroz crítica social y existencialista de la Argentina de los años veinte. En Los siete locos (1929) trabaja una especie de «mundo al revés»: un espacio donde los personajes, los más marginales y excéntricos que se puedan pensar, se organizan y transgreden los valores establecidos para planear una revolución societaria.

Un escéptico
Pensar a Arlt en clave moderna puede llevar al error de la clasificación y el encasillamiento temprano. Sylvia Saítta comenta: «Se lo ha leído como comunista, como anarquista. Lo cierto es que no se lo puede clasificar tan fácilmente… No lo imagino ni gorila ni antiperonista. Más bien escéptico. Mirando con distancia la experiencia política».
Roberto sigue incomodando, sigue representando muy bien a la clase dirigente política y a los estratos más bajos, más allá de su ideología, que es ambivalente: «Mis valores intelectuales son relativos porque no tuve tiempo de formarme», describe en su autobiografía de 1927. Construye personajes angustiados en una ciudad que atraviesa la modernización, lo que permite pensar su década del veinte y del treinta, pero también nuestro presente. Leerlo sirve para repensar por qué hacemos lo que hacemos, la preocupación por la trascendencia, dónde tenemos las certezas, las creencias, por qué con la posmodernidad irrumpen tantos personajes mediáticos.
Nuevos dioses
Como dice Arlt todo el tiempo, las personas necesitamos creer en algo, y por eso hay que proveerle nuevos dioses a la gente. ¿De qué forma presentarle nuevamente las verdades sagradas a esa gente que no tiene fe?
La operación
Leer el presente en Arlt. La nota trae al escritor de los años veinte para entender por qué hoy seguimos necesitando creer.
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