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Usandizaga esperaba el dibujo mientras el mercado corría

El artista rosarino trabajaba a tirones, sin apuro y sin etiqueta. Alrededor, el arte se ordenaba en tendencias que duraban lo que tarda en llegar la siguiente.

Por Lourdes Veliz9 min de lectura
Ciclo
Noviembre 2026
Categoría
Arte · Obra
Eje
El tiempo de la obra
Julián Usandizaga habla frente a un micrófono en la inauguración de su muestra, rodeado de público.
Usandizaga en la apertura de una muestra suya. Imagen: CCPE Rosario (CC BY-SA 4.0).

Parte 1

Julián Usandizaga dibujó sesenta años en Rosario y murió en 2020, a los 87. Su obra se sostuvo siempre en un tiempo que no era el del calendario del arte.

Sus dibujos y grabados exigen esa lentitud. Los huecos (1986) son retratos vaciados de identidad; Descubrimiento del descubrimiento (1997) vuelve sobre la conquista; en la serie DNI (2005) su propia cara se va borrando de lámina en lámina. Lápiz y buril, una exactitud casi mecánica puesta al servicio de algo que no tiene nada de frío.

Dibujo a lápiz de Julián Usandizaga: una cabeza deformada de ojo único sobre una reja.
Una cabeza deformada sobre una reja, firmada abajo a la derecha.

Esa exigencia tenía una contracara incómoda: el mundo del arte le ofrecía todo el tiempo una casilla donde meterlo.

El vocabulario prestado

En una entrevista de junio de 2017 repasó, con humor, la lista de movimientos que habían ordenado el arte desde la posguerra: pop art, land art, objet art, happening, concept-art, ready made. Los enumeraba como un vocabulario en inglés, importado junto con el traslado del centro del arte de París a Nueva York, y veía ahí una forma de colonización cultural.

El efecto sobre su trabajo era concreto: cada obra quedaba reducida a una etiqueta prestada en vez de escucharse en sus propios términos. Correr detrás de la última moda, decía, era una manera de perder el tiempo propio.

El tiempo del dibujo

La producción de una obra transcurre en un tiempo que no se deja medir en segmentos iguales, como la rutina. Construir un universo simbólico propio empieza por dejar que el dibujo llegue.

«El dibujo te encuentra a vos, vos no encontrás al dibujo», decía. No necesitaba una anécdota: el punto de partida era un estrago emocional, algo más cercano a los sueños y a los juegos, y el dibujo aparecía a tirones, por tanteos y descartes, hasta dar con la versión que le parecía mejor.

El público reunido en la galería durante la apertura de la muestra de Usandizaga.

El núcleo

El que espera el dibujo trabaja más que el que lo persigue.

Imagen: CCPE Rosario (CC BY-SA 4.0).

Parte 2

La máquina de exigir

Sin entrar en tecnicismos filosóficos, esa idea admite una lectura desde la perspectiva de la técnica de Martin Heidegger. Para el pensador alemán, producir es desocultar: hacer que algo pase de la ausencia a la presencia, dejar que aparezca. Los griegos llamaban póiesis a ese movimiento, y por eso una misma palabra, téchne, nombraba el oficio del artesano y el arte del artista.

Heidegger agrega algo decisivo: el hombre no dispone de ese desocultamiento. Puede prepararse, trabajar, insistir, y lo que aparece sigue sin depender de su voluntad. Es casi lo que dice Usandizaga: el dibujo lo encuentra a él.

Julián Usandizaga sentado junto a una ventana, mirando un libro abierto.
Usandizaga mirando un libro, sin apuro.

La lógica del mercado funciona al revés. Heidegger llama provocante al modo de desocultar propio de la técnica moderna: les exige a las cosas que rindan, las pone en reserva, las deja disponibles para cuando haga falta. Bajo esa lógica la obra pasa a ser algo que se exige: producción constante, tendencia tras tendencia, sin pausa ni tiempo de gestación. Y el artista corre el riesgo de convertirse él mismo en un recurso más de la cadena. Para el filósofo, el peligro está en olvidar que existe otra manera de hacer aparecer las cosas.

Dibujar como en sexto grado

Para Usandizaga la inspiración era algo que se espera y se cuida: un proceso lento y discontinuo, hecho de tanteos y descartes, que no admite ser acelerado ni programado. La novedad permanente trabaja al ritmo contrario, y cada tendencia dura apenas lo que tarda en aparecer la siguiente.

Él se declaraba maniático: cuando terminaba una obra, el mundo ya estaba en otra, así que se dedicó a dibujar, según su propia fórmula, como en sexto grado. Suena a renuncia. Era la única velocidad en la que su obra podía existir.

Las citas de Usandizaga provienen de la entrevista publicada por La Canción del País el 7 de junio de 2017.

Emmanuel Carrère, sentado en un sillón de cuero rojo y con auriculares de traducción, levanta la mano mientras habla.La siguiente piezaQuerido Emmanuel Carrère, no me animé a aplaudirSeguir con esta piezaLisa María con un tapado de piel larga, de frente, en una habitación de azulejos rojos.Esta pieza dialoga conLisa María convirtió la demora en un método.Dos artistas que trabajan contra el reloj de la industria: Lisa María guardó más de diez años de bocetos antes de publicarlos; Usandizaga esperaba el dibujo.Leer la pieza del archivo

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