Lisa María convirtió la demora en un método.
Tras años de transitar el diseño gráfico, el cine, la dirección de videoclips, la televisión y las cabinas de DJ, la hija menor del dúo Cerati-Amenábar eligió no apresurarse. Su primer álbum solista son diez composiciones de sensibilidad pop, matices nocturnos y surrealistas, escritas a lo largo de más de diez años.

Parte 1
Escribió su primera canción a los dieciocho. La publicó a los veintinueve.
Nació en Santiago de Chile y a los pocos meses la familia se instaló en Buenos Aires. Crecer ahí significó para Lisa habituarse a un entorno de altísima estimulación creativa. Atravesada por la obra y el dinamismo de sus padres (el legado musical de Gustavo Cerati y la colección melómana y audiovisual de Cecilia Amenábar), la música estuvo siempre al alcance de la mano. Sin embargo, decidió ocupar el rol de observadora en primer lugar.

A los 18 años, en la penumbra de su habitación y sobre el teclado de su hermano Benito, compuso «Selva», un track atmosférico y pausado que marcaría el inicio germinal de su catálogo. Pero en lugar de apurar el lanzamiento, guardó ese y otros bocetos en una bitácora privada durante más de diez años. Su pasado estuvo signado por la reserva: prefirió formarse detrás de escena, estudiando cine, realizando piezas visuales para otros artistas y explorando géneros como el R&B, el funk y la música electrónica en sus facetas como DJ.

La imagen antes que el sonido
La relación entre lo visual y lo sonoro en Lisa María es fundamental, la imagen antecede o acompaña de forma natural al sonido. En sus primeros años universitarios e independientes el foco estuvo en pensar bandas sonoras para historias visuales, hoy esa experiencia del encuadre, la luz y la dirección de arte nutre la estética de su proyecto.
Junto al productor Estanislao López (Hora Cero Records) y colaboradores en la dirección conceptual como José Fogwill, el universo de Lisa María se terminó de estructurar en torno a colores específicos (como el carmesí profundo de su portada) y visualizers introspectivos. Pasar de dirigir videoclips a ponerse frente a la cámara representó el puente definitivo de su maduración artística: el momento en que las ideas abstractas exigieron un cuerpo y una voz.


El núcleo
Once años de carpetas guardadas.
Parte 2
Diez canciones, muchas edades
El disco homónimo «Lisa María» se compone de 10 canciones que deambulan entre el dream pop, el R&B alternativo, las bases electrónicas minimalistas y la canción de autor. Desde el lanzamiento del primer sencillo «(Solo aire)» (una pieza sobre la confusión y el deseo de escape) hasta canciones como «Sentimental», «A mi nube», «Demente» o la mítica «Selva», el álbum expone una arquitectura sonora donde priman la sutileza y los climas intimistas y surreales. Tomando como punto de partida a los personajes femeninos de David Lynch, las películas de Almodóvar, artistas como Sade o Garbage, para luego continuar por un camino de búsqueda personal.

Las letras, narradas en primera persona, funcionaron como una catarsis y una terapia personal, un mapa de vínculos y emociones asumido sin escudos.
Por qué Lisa María
Elegir presentarse como Lisa María, rescatando el segundo nombre que le asignaron sus padres, ordena el proyecto antes que el apellido. Ella misma desactiva la lectura fácil: dice que no tomó el seudónimo para despegarse de su padre, que artísticamente le gusta más y que a veces sigue siendo Lisa Cerati.

La casa
La relación con su pasado familiar existe desde la gratitud y la complicidad. Con su hermano Benito Cerati comparte una sincronía creativa pulida desde la infancia (en 2009 grabaron juntos «Forever Michael», el homenaje que armaron tras la muerte de Michael Jackson, con su madre cantando uno de los temas) y alimentada por el intercambio permanente de referentes. Lejos de la comparación, Lisa asume la figura de su padre como una inspiración viva y cercana, viendo su enseñanza como un punto de partida para realizar su propio camino sin intentar igualar o comparar, simplemente siendo una artista nueva y libre, sin sentirse condicionada.

El tiempo a favor
El debut de Lisa María demuestra que el tiempo jugó a su favor. Al esperar a que las canciones maduraran a su propio ritmo, logró consolidar una propuesta coherente donde la artista visual, la melómana nocturna y la compositora coinciden en un mismo plano. Sin estridencias impostadas, Lisa María ha construido un universo liviano, transparente y honesto que recién empieza a desplegar sus capas.
La operación
Esperar a propósito. Lisa guardó las canciones más de diez años y las sacó recién cuando el resto de su obra podía sostenerlas.
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