Casi setenta años después de Yente, el tejido tomó una sala del Malba.

Fabril la mirada, la primera individual de Lucrecia Lionti en un museo, colgó del techo del Malba tejidos con el vocabulario de la crisis hecho a mano. El antecedente es porteño y tiene casi setenta años: los tapices de Yente.

Por Lourdes Veliz4 min de lectura
CicloJulio 2026
CategoríaFiguras · Arte textil
EjeElevación del oficio
Vista de sala: tejidos con palabras cosidas cuelgan del techo en el Malba.
[ Imagen ] — Vista de sala de «Fabril la mirada», Malba, 2025. Fotos de Santiago Ortí.

Parte 1

Del 14 de marzo al 16 de junio de 2025, la Sala 1 del Malba estuvo colgada de lana. Nada apoyado contra la pared, ningún bastidor: tejidos suspendidos del techo, con palabras cosidas encima, que había que rodear para leer enteros. Fabril la mirada fue la primera muestra individual de Lucrecia Lionti (San Miguel de Tucumán, 1985) en un museo. Llegó con el oficio entero adentro: dos agujas, patchwork, lana de oveja comprada a tejedoras de Tucumán y Salta, hilo sintético importado de China.

La sala colgada

La curaduría fue de Carla Barbero, invitada por el museo para la ocasión: hoy a cargo de las artes visuales del Centro Cultural Recoleta, antes jefa del departamento de curaduría del Museo Moderno. Barbero montó las piezas nuevas, tejidas para esa sala, junto a una serie de obras en papel de 2012 a 2017 que funcionan como el registro de sus pruebas anteriores.

El montaje hace la mitad del trabajo. Los textiles cuelgan exentos, sin pared que los respalde, así que se ven de frente y de reverso: los nudos, los remates y los hilos que un bastidor esconde quedan a la altura de los ojos. Entre ellos se abren pasillos que ondulan. La escala completa el argumento — hay piezas de varios metros ocupando el lugar donde uno esperaría una pintura grande.

El léxico de la crisis

Sobre las telas hay palabras. Una pieza dice «coste de oportunidad»; otra, «quiebra». El vocabulario de la economía, tejido a mano y letra por letra: términos que circulan por la radio y los portales, ejecutados con la técnica más lenta que hay a mano. Lo que se escribe en un segundo tarda días en tejerse. Esa desproporción es parte de la obra.

El título viene del mismo cruce. Su padre fue operario en la fábrica de Saab Scania, contó Lionti al diario tucumano La Gaceta; fabril nombra un origen y también un modo de mirar. En esa misma nota define el equilibrio que buscaba para los materiales: quería que conservaran «ese borde entre vagabundo y Dior».

[ Nota de la casa ]

El tejido vivió décadas en el rubro de lo doméstico: útil, anónimo, sin firma en la etiqueta. Cuando una sala principal lo cuelga a la altura de los ojos y le da escala de mural, la lana sigue siendo la misma; lo que se movió de lugar es la jerarquía. La casa sigue esos movimientos de cerca, porque ahí se decide qué entra al canon y qué se queda en el ropero.

— Espacio Marca
Detalle de tres textiles colgantes con letras cosidas y la lana a la vista.
[ El núcleo ]

Una sala del Malba colgada de lana: el oficio que se aprendía en casa, midiendo el mismo aire que la pintura.

Yente, 1956

Llevar un oficio considerado menor al primer plano tiene antecedente porteño. Eugenia Crenovich (1905-1990) firmaba Yente y fue pionera de la abstracción en la Argentina, cuando la abstracción todavía se discutía a los gritos. Hacia 1956 empezó a tejer: entre ese año y 1959 hizo tapices donde la lana aplica el color con la misma gestualidad de su pintura. En noviembre de 1958 los mostró en la Galería Heroica.

A sus collages les entraba el universo doméstico —telas propias, hilos, encajes, puntillas, adornos encontrados—; con eso corría el límite de qué contaba como materia artística. El reconocimiento llegó tarde: el Museo Moderno compró su Tapiz nº 2 (1957, lana y acrílico sobre arpillera) recién en 2021, el mismo año en que el Malba sumó otro tapiz suyo. Cuatro años después, ese museo le daba una sala entera a Lionti.

El oficio y su lugar

Entre Yente y Lionti hay casi setenta años y un cambio de temperatura. Yente entró al textil por la vía del color, sin abandonar la abstracción que ya definía su trabajo. Lionti entra por la vía del lenguaje: teje consignas, frases sueltas de la conversación pública, patrones de moldería de vestimenta. La curaduría es precisa en el matiz: la obra confronta los aspectos visuales del trabajo artesanal con los éticos, sin caer en el elogio telúrico.

Lo que queda de Fabril la mirada es una prueba de escala: un saber que se transmitía en casa aguanta el metro cuadrado de un museo sin pedir disculpas por su origen. La obra de Lionti integra colecciones del Museo Reina Sofía —que tiene Geometría o Barbarie—, del Museo Moderno de Buenos Aires y de la Fondation Thalie de Bruselas; mientras la muestra seguía abierta, ella tejía en una residencia en Londres. El circuito ya la lee. Queda la pregunta que la sala dejó colgando: qué otros saberes están esperando turno en el rubro de lo doméstico.

— Lourdes Veliz · Ciclo Julio 2026

[ La operación ]

Elevación del oficio.Un tejido doméstico colgado en sala principal: la muestra de Lionti mide el oficio contra la pintura; el antecedente de Yente muestra que la discusión lleva setenta años abierta.

Tocá un movimiento para verlo en el texto
Tejido a dos agujas en tonos rosas y rojos montado sobre pared blanca.
Trama a dos agujas, de cerca
[ Nota de la casa ]

Cada tanto conviene revisar qué oficios quedaron archivados como decoración. La lana y el bordado cargaron un siglo con el peso de ser trabajo de mujeres y de casa —que en el canon equivalía a no ser trabajo—. Lionti ocupa ese lugar en vez de reclamarlo, con el material entero a la vista. La casa toma nota de la diferencia.

— Espacio Marca
[ Esta pieza dialoga con ]
Cuatro mujeres que fueron vanguardia

Yente llegó al tejido desde la abstracción. Esta pieza recorre a las que abrieron esa puerta y quedaron al margen del relato.

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