El Indio ¿Un nuevo santo popular?

Un millón de fieles, ocho kilómetros, un velorio con forma de misa. ¿Estamos viendo nacer un santo popular?

Por Lourdes Veliz4 min de lectura
CicloJunio 2026
CategoríaMemoria · Ritual popular
EjeSanto popular
El Indio Solari en vivo, 1988.
[ Imagen ] — El Indio Solari en vivo, 1988. Foto de Eduardo Grossman (dominio público). Multitud en un recital, foto de María Laura Victorio · CC BY-SA 3.0.

Parte 1

La caminata convocada el pasado 7 de junio para despedir al Indio Solari llevó a más de un millón de fieles hasta el Microestadio José María Gatica, en el Parque de los Trabajadores de Villa Domínico, Avellaneda. Nos recordó que el poder verdadero es que te quiera la gente.

La caminata

La logística fue destacable: los bomberos voluntarios, el personal que guiaba a la multitud y, detrás de todo, una familia que acompañó el dolor de millones. Sin embargo, lo que más sorprendió —desde el lado más personal— fue la comunidad organizada para poder avanzar en orden. “Vamos a entrar todos, esto no termina hasta que cada uno pueda despedir al Indio”, aclaraba uno de los chicos que guiaba con megáfono, y solo podíamos creerle. Desacelerábamos el paso, nos ayudábamos entre todos y pedíamos paciencia para los más inquietos y ansiosos.

La misa ricotera

La marcha se extendió ocho kilómetros, llegando hasta el Puente Pueyrredón, en el límite con la Ciudad de Buenos Aires. La multitud se concentraba en grupos que bailaban y miraban al cielo: agradeciendo, llorando, gritando, o todo junto. Era un ritual de carácter catártico que velaba a un hombre que muy pocos habían podido ver en persona.

Aquella masa de personas recordaba las multitudinarias peregrinaciones conocidas como “las misas ricoteras“: esas columnas que se formaban kilómetros antes de llegar al predio, horas antes de que empezara cualquier concierto. La misma energía desbordante, los mismos cuerpos apretados avanzando juntos, la misma sensación de pertenecer a algo más grande. Pero donde antes el río de gente marchaba hacia adelante empujado por la expectativa, ese domingo la corriente era distinta. Un ejemplo que condensa todo lo que esas marchas significaron es el concierto de Olavarría, en La Colmena, el 11 de marzo de 2017: el último que dio el Indio Solari junto a los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, y al que asistieron más de 200.000 personas desde todos los rincones del país.

[ Nota de la casa ]

Acá los santos los corona la gente. A Antonio Gil lo degollaron al costado de una ruta correntina; el pueblo lo hizo Gauchito: trapos rojos, altares en la banquina, promesas que se pagan. Un santo de los olvidados, sostenido por los olvidados. El Indio trae la misma materia prima: una muerte que se siente como injusticia y un millón de perdidos dispuestos a velarlo. Queda una pregunta abierta: si dentro de veinte años habrá una estampita suya en la guantera de un camión y un ricotero frenando en la ruta para prenderle una vela.

— Espacio Marca
Multitud en un recital ricotero.
[ El núcleo ]

La misa ricotera más grande de la historia terminó en un velorio de ocho kilómetros.

El velorio

Lo que ocurrió ese 7 de junio fue una experiencia religiosa que nos envolvió, nos unió durante kilómetros y permitió mirarnos a la cara. Decir “velorio” le queda chico.

El Indio fue algo más extraño y más profundo que los estadios llenos y las giras: una voz que se coló en los momentos vacíos y en los días más coloridos. Una figura que, mientras desaparecía de la escena pública, se instalaba cada vez más hondo en el imaginario colectivo.

El santo

Su muerte lo vuelve intocable y sagrado. Convierte a los perdidos y olvidados en fieles con voz y cuerpo que, unidos, pueden tomar avenidas enteras. Nos invita a sentirnos parte de algo que nos sobrepasa.

Esta despedida confirmó que la música es otra forma de orar, de conectar con algo más allá de uno mismo. Y el Indio fue nuestro canal perfecto para lograrlo: un mensaje, un santo, una voz que verbalizó lo que algunos no queremos decir, o simplemente no podemos.

La oración

Este gran dolor nos recuerda que los hijos de puta no descansan, que el amor te desarma y te encuentra de rodillas con las manos y los dedos cruzados. Los que estuvimos ahí podemos responder con certeza: el Indio estuvo más que allí.

— Lourdes Veliz · Ciclo Junio 2026

[ La operación ]

Santo popular.La muerte del Indio entra en la maquinaria de la santidad popular: la que corona el pueblo, sin permiso de ninguna institución. La operación es nombrar esa canonización mientras ocurre.

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[ Nota de la casa ]

Durante décadas la misa ricotera tuvo una sola dirección: hacia adelante, hacia el escenario que todavía no aparecía. Una flecha hecha de espera. El 7 de junio se dio vuelta: nadie empujaba para llegar primero; se bajaba el ritmo para que el de atrás también llegara. El rito fue el mismo de siempre; cambió hacia dónde miraba. Una iglesia acostumbrada a peregrinar hacia una voz aprendió, en un día, a peregrinar sin ella. Y una peregrinación sin escenario al que llegar se queda dando vueltas hasta que se encuentra un santo. Capaz que el 7 de junio fue el primer día de su culto: todavía no tiene altar, ya tiene un millón de promesas.

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[ Esta pieza dialoga con ]
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