Lo inconcluso también es una obra.

Los renacentistas le pusieron nombre: non finito. Del mármol que Miguel Ángel dejó a medio salir del bloque a los 52 cuadros que Cándido López alcanzó a pintar con la mano izquierda, y al coloso de 137 metros que el peronismo empezó a levantar sobre Libertador y nunca terminó.

Por Lourdes Veliz9 min de lectura
CicloAgosto 2026
CategoríaCrítica de Arte · Concepto
EjeLo inconcluso
Modelo en yeso del Descamisado a escala, con un operario trabajando sobre la figura.
[ Imagen ] — El modelo en yeso del Descamisado, del escultor Leone Tommasi, durante su ejecución. Fotografía de prensa de la época.

Parte 1

Non finito es una expresión italiana que se traduce, literalmente, como «no terminado». En arte nombra algo más preciso: la idea de que una obra puede valer estéticamente por su falta de acabado, sea porque el artista la dejó así a propósito o porque algo —una muerte, una guerra, un encargo que se cayó— interrumpió su ejecución antes de tiempo.

El mármol que no soltó la figura

Durante siglos, una obra sin terminar se consideraba un fracaso o un accidente. Recién con Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y Tiziano el non finito empezó a entenderse como una categoría estética propia y no como una carencia. Miguel Ángel es, de hecho, quien suele señalarse como el padre de esta idea moderna: sus esculturas inconclusas, con figuras que todavía luchan por salir del bloque de mármol, sugieren que la forma inacabada puede revelar algo de la obra que el pulido final terminaría por esconder.

Cuando el artista decide que está terminada

Rembrandt (1606-1669), el pintor más célebre del siglo de oro holandés, asumía que una pintura está terminada cuando el artista decide que lo está, no antes. Con el Romanticismo primero y las vanguardias del siglo XX después —impresionismo, expresionismo—, lo fragmentario y lo abocetado dejaron de ser un paso previo a la «verdadera» obra para convertirse, muchas veces, en el objetivo mismo.

[ Nota de la casa ]

Hay dos cosas distintas que el mismo nombre junta. Una obra puede quedar abierta porque el artista decidió que ahí estaba lo que buscaba; otra queda abierta porque algo la cortó. La primera es una poética. La segunda es un accidente histórico que el tiempo convierte en poética. Los dos casos argentinos que siguen son del segundo tipo.

— Espacio Marca
Perón y los miembros de la Comisión Nacional del Monumento a Eva Perón alrededor de la maqueta del monumento.
[ El núcleo ]

El non finito vive en la distancia que queda entre una idea y su cierre.

Cándido López: 52 de cien

¿Hay non finito en el arte argentino? Hay al menos un caso donde se dio en su forma más literal, la que ya reconocían los renacentistas: la interrupción involuntaria. Cándido López perdió el brazo derecho en la batalla de Curupaytí, en septiembre de 1866, y se propuso pintar cerca de cien cuadros a partir de los bocetos y apuntes que había tomado en el frente de la Guerra de la Triple Alianza. Reeducó su mano izquierda para poder sostener el pincel y, con el correr de los años, alcanzó a concluir 52. El resto quedó en estado de proyecto: bocetos que nunca pasaron al lienzo grande.

El coloso que no llegó a levantarse

Más cerca en el tiempo hay obras que quedaron sin terminar y prometían ser monumentales. El «Monumento al Descamisado» fue idea de la propia Eva Perón en 1950, y el Congreso lo autorizó por la ley 14.124, sancionada el 4 de julio de 1952, veintidós días antes de su muerte. Con 137 metros de altura —una figura de más de sesenta metros sobre una base de setenta— iba a ser el monumento más grande del mundo: un símbolo de la grandeza argentina, la de sus trabajadores. Las publicaciones de la época abundan en comparaciones: más alto que la Torre Eiffel, cuatro veces mayor que el Coloso de Rodas, más imponente que la Estatua de la Libertad. Se pensó levantarlo en la Plaza de Mayo y también en el cruce de Avenida de Mayo y la 9 de Julio, hasta que se decidió su emplazamiento sobre Avenida del Libertador, de cara al río: desde el agua sería lo primero que se vería de Buenos Aires, su punto más alto, una suerte de faro orientador. Catorce ascensores llevarían a los visitantes hasta la cabeza de la estatua.

Las obras arrancaron el 30 de abril de 1955, con Perón colocando el primer hormigón y el modelo del escultor italiano Leone Tommasi. Meses después la Revolución Libertadora derribó al gobierno y el proyecto se cayó con él. Ninguna de las dos obras llegó al final que había imaginado. Y sin embargo ahí están, señalando el límite exacto entre lo que se pensó y lo que se hizo, que es, a fin de cuentas, el terreno donde vive el non finito: no en la obra perfecta, sino en la distancia que queda entre una idea y su cierre.

— Lourdes Veliz · Ciclo Agosto 2026

[ La operación ]

Lo inconcluso.Tres formas de quedar sin terminar —la elección, la herida y el golpe de Estado— puestas en fila. El non finito no es una falla del archivo: es una categoría para mirar el hueco entre lo que se pensó y lo que se hizo.

Tocá un movimiento para verlo en el texto
El Descamisado en yeso, visto desde abajo, con figuras menores a sus pies.
El Descamisado, en el modelo a escala que sí llegó a existir.
[ Nota de la casa ]

De los 137 metros no queda nada. Lo único que sobrevive del Descamisado son estas fotos: el yeso a escala, el operario subido al andamio, la maqueta sobre una mesa rodeada de gente que se saca una foto con el futuro. El monumento existe hoy exclusivamente como archivo fotográfico, que es la forma más literal en que una obra puede quedar sin terminar y aun así seguir estando.

— Espacio Marca
[ Esta pieza dialoga con ]
Las Cícladas de Minujín existen. Buenos Aires casi no las ve

Ahí la obra se terminó y la ciudad la dejó caer. Acá nunca llegó a levantarse. Dos maneras distintas de quedarse a mitad de camino.

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